Narrativas prosaicas.

Caminaba por la carrera séptima con calle 14, cuando el fresco olor del eucalipto, que posaba sobre los hombros de un hombre, llamó mi atención.
No era para más, el olor del eucalipto era placentero para quienes  se encontraban en su paso, acostumbrados al olor de la mierda y la orina del centro de la ciudad. Así, era inevitable fijarse por segundos en el bulto de hojas verdes y plateadas (en el brillo de la luz del sol) y del hombre quien se había tomado el atrevimiento de circularlo por las calles. Con este interés, fui tras la sombra de este cuerpo con olor.

a

Con el olor del eucalipto viajé hasta mi infancia. Recordé la ollita puesta debajo de mi cama para aromatizar la habitación en épocas de gripa; un ritual familiar que ejerce con cuidado mi mamá.  Seguimos al hombre con su carga por la carrera séptima hasta que se detuvo en el parque Santander. Allí, cansado del peso de su deliciosa carga la descargó sobre una banca. Esta acción puso fin a nuestro recorrido.

Despertando del conjuro y tomando conciencia del espacio me percaté del artesano callejero que estaba a unos pasos. Un hombre moreno que manipulaba, hábilmente, vasos y objetos plásticos desechables para crear formas figurativas con el fuego emitido por un reverbero a gasolina. El movimiento de sus manos, las formas plásticas, el calor, la creación y el riesgo  atrapó mi atención.

Aquí me trajo el azar del recorrido, que empezó con el olor del eucalipto y terminó en sensaciones visuales, carnales y térmicas. El artesano callejero me invitó a su taller ambulante para compartir una fracción de su vida: su experticia y su hacer. Desde la contemplación y los intercambios sensibles de esta experiencia comparto, en dos sesiones,  las reflexiones que se tejieron a partir de las marcas en las manos del artesano; así como una breve interpretación a partir del modelo Mandokiano del sentir (Mandoki, 2006) en el registro somático y escópico.

Sesión I:  Sobre la experiencia sensible a partir de marcas en el cuerpo

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Manos grandes,
Marcadas por el fuego y el arder de la materia.
Manos negras, creativas, de carne viva, de tres o dos pieles.
Manos de heridas hondas, dedos sin pellejo, tocan aquí, tocan allá…
Modelan, estiran, encorvan, tuercen, doblan, malabarean, dan forman,
Transforman la materia.

Manos que hablan de la vida, de la textura, del calor, del movimiento,
del dolor, del color, de la forma, de la textura, de los juegos, del tiempo,
de los espacios… de la experiencia del sujeto.

Manos que registran la vida. Enfática de la calle, de la acción,
la sobrevivencia y la creación.

Marcas de sangre, marcas del oficio,
del intercambio estético entre el hombre y el fuego.

Motricidad fina, experticia del artesano urbano,
Quien recorre las calles con su taller ambulante, dispuesto siempre al espectáculo.

Marcas profundas, heridas de carne, relatan la vida de quien trabaja en la calle.
Marcas profundas, heridas de carne, relatan la vida de quien trabaja entre las sombras del arte.

José Manuel tiene varias marcas en sus manos de su hacer estético y creativo. Esta parte de su cuerpo revela la enfática somática de su actividad sensible y creativa plástica sobre la carrera séptima. Él es un artesano que trasforma el plástico desechable en diversas figuras que él llama su  obra de arte.  Cuando está en acción se evidencia a un experto que juega con el fuego, el plástico, el agua, el cuchillo y la espátula. Mientras narra al público su hacer,  con sus manos modela el plástico derretido dando forma a la fluidez ardiente de la materia. Las marcas profundas en los dedos pulgar, índice y corazón de su mano derecha revelan una historia de heridas profundas, sangre y carne, dolor y placer. Este es el costo de la experticia, del aprendizaje de la técnica para ser un artesano urbano.

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La marca es la memoria corporal táctil que activa la atención en la manipulación. Entonces, sus manos están más despiertas, más perceptivas, más ligeras… a la acción. La memoria recuerda en cada movimiento la precaución, evitando repetir la historia,  siendo más hábil y eficiente en sus gestos. El humo del plástico su segunda piel.

*Fotografías: Karen Nathalia Díaz Lizarazo

Raimundo Villalba Labrador
Magíster en Estudios Artísticos de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Especialista en Educación Artística de la Universidad Nacional de Colombia. Docente investigador entre las prácticas artísticas y los estudios de la corporeidad en el entorno escolar. Producción académica sobre la condición docente en la escuela y el relato desde el cuerpo como posibilidad metodológica de investigación y creación. Licenciado en Humanidades y lengua Castellana. Docente de educación básica de la Secretaría de Educación Distrital.

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