Narrativas prosaicas II

Interpretación desde el modelo Mandokiano

Retomando la experiencia sensible de un artesano callejero -Un hombre moreno que manipulaba, hábilmente, objetos plásticos desechables que se funden en el fuego, emitido por un reverbero a gasolina, para crear formas figurativas-, realizaré un acercamiento interpretativo a partir del modelo Mandokiano del sentir (Mandoki, 2006) en el registro somático y escópico.

En el registro somático

El artesano aparece en el espacio público, sentado en un balde, con sus materiales plásticos (vasos desechables de diferentes formas, texturas, grosor y colores) y empieza su acción artesanal. Su presencia  pública corta la distancia con los transeúntes  quienes se acercan a observar la habilidad de sus manos y la creatividad que se manifiesta en su acción plástica. En ese momento, sale del anonimato para construir presencia y voz en la calle. Poco a poco se van acercando variedad de personas: niños, niñas, mujeres, hombres, jóvenes; y aunque todos lo rodean, se acuerda, al mismo tiempo,  una distancia entre él y sus espectadores. Esta relación se mantiene por minutos: el artesano creando y el público contemplando.

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La enfática somática está en sus manos, el dominio de la misma habla de la técnica y de la experiencia para manipular material plástico fundido y darle forma. Su habilidad manual es la que atrae la atención del público; son sus manos quienes hablan, entretienen, enseñan, crean y sorprende. Esta conexión sensible contiene su energía y reconstruye la retórica de su presencia, es lo que posibilita que el público las valore y lo llamen “artista”. Con su mano derecha realiza los movimientos de diseño del modelado, agarra las herramienta para cortar  o modelar, acerca las figuras al fuego, enlaza o quita pedazos, echa y saca del agua, apoya en diferentes puntos y con ella interactúa especialmente con el público. La mano izquierda acompaña, soporta, apoya, agarra, coge, busca, selecciona, entrega, continúa, entrega fuerza y también modela. Las manos, es la parte de su cuerpo que tiene mayor cercanía con el fuego y con los materiales en ebullición, por eso, es la parte corporal que más soporta las marcas de su hacer.

La acción del artesano manifiesta una  fluxión centrífuga. Al moldear con sus manos la energía fluye por la materia hasta diluirse en la percepción visual del público. Y fluye aún más, cuando proyecta su espacio corporal hacia ellos con su voz y mirada. Este es el éxito de su atención.

En el registro escópico

Manuel aparece en un espacio público y se ubica en un punto.  Cerca de él están los elementos básicos y necesarios para su acción. A su izquierda una bolsa negra,  llena de vasos desechables de varios tamaños, en su mayoría de color verde, algunos blancos y uno que otro de color azul o negro. Al frente, un reverbero negro con su tanque de gasolina rojo produciendo fuego; y al lado derecho una tabla de madera, seguido por un platón plástico azul con agua. El artesano está sentado sobre un balde amarillo y apoya  su pierna derecha sobre  un cojín roto de color gris. Esta disposición de su pierna le permite moverse a los laterales, en especial, al lado derecho, lo que permite deducir que el artesano es diestro. Como instrumentos de modelado tiene una tabla en madera de aprox. 30 cm de largo por 4 cm de ancho, un cuchillo, una cuchara metálica, un palo redondo con el que toma los vasos para derretirlos en el fuego y una piedra que utiliza para limpiar la tabla de base. Frente a él, dispuso de un 1 metro de tela verde sobre el suelo  como mantel de las obras terminadas. La disposición espacial de estas presencias plásticas delimitan su espacio de trabajo y dan vida a su taller efímero que solo estará por horas en este lugar. Esta delimitación “privada” en un  espacio público genera una distancia corta con los transeúntes, quienes están a dos metros de él; una distancia prudente y respetable que todos parecen comprender.

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Su escópica es dinámica. Los materiales de trabajo son pequeños, livianos y pertinentes para resolver las creaciones, instalar y recoger el taller, cargar y transportar. No hay fragilidad, todo es sencillo y fácil de conseguir. Ésta es la característica de su material: lo precario y desechable; la belleza de transformar lo que otros desechan en una creación que luego desearán tener. La fluxión escópica del espacio es centrípeta al evidenciarse dos círculos que contienen la energía. El primero, el círculo que han formado los espectadores ubicando al artesano en el centro de sus miradas. El Segundo, el círculo que ha formado el artesano con sus materiales, en donde él sigue siendo el centro de este microespacio.  Este espacio de fluxión cerrada se abre hacia una fluxión centrífuga en el momento en que al artesano sale de su círculo de materiales y pasea por el círculo de los transeúntes motivando a participar en la rifa de sus creaciones. La energía sostenida, transformada y materializada por minutos se desvanece y solo queda la obra como evidencia. Es esta, que en ese momento, se convierte en elemento de valor al contener los esfuerzos, emociones y destrezas de su creador. De esta manera, el artesano pierde interés y la atención del  público se centra en la obra. Un público con deseo de ganar la rifa y poseedor de la obra; un objeto que alcanzó su reconocimiento de valor capital. La obra contiene la energía del artesano y el valor comunitario de dicho esfuerzo.

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Referencias

  1. RICO Bovio, Arturo. Las Fronteras del Cuerpo. Crítica de la Corporeidad, Editorial Joaquín Mortiz, México, 1989. Sartre, Jean Paul.
  2. TURNER, Bryan S. El Cuerpo y la Sociedad. Exploraciones en teoría social. Fondo de Cultura Económica, México, 1989.
  3. MANDOKI, Katya. Estética cotidiana y juegos de la cultura prosaica. Editorial Siglo XXI. México, 2008.
  4. MANDOKI, Katya. Prosaica dos: Prácticas Estéticas e Identidades Sociales. Editorial Siglo XXI. México, 2006.
  5. DIAZ, Lizarazo. Karen Nathalia. Fotografías de la experiencia sobre la carrera séptima. Recopilado el 21 de agosto de 2013. Bogotá.

Raimundo Villalba Labrador
Magíster en Estudios Artísticos de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Especialista en Educación Artística de la Universidad Nacional de Colombia. Docente investigador entre las prácticas artísticas y los estudios de la corporeidad en el entorno escolar. Producción académica sobre la condición docente en la escuela y el relato desde el cuerpo como posibilidad metodológica de investigación y creación. Licenciado en Humanidades y lengua Castellana. Docente de educación básica de la Secretaría de Educación Distrital.

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