La presencia latente de la interdisciplinariedad en el Cárcamo de Dolores.

El arte y la ciencia tienen métodos de investigación muy diferentes, sin embargo el recorrido que se vivencia tanto en la construcción de una obra artística como en la búsqueda de respuestas mediante un experimento científico, es el ensayo y el error, lo flexible y lo equívoco mucho más en uno que en el otro pero que aporta información importante para la resolución de un problema.

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Esculpintura de Tláloc, al fondo Cárcamo de dolores

A pesar de ser diferentes en su naturaleza ya que en uno prima la subjetividad y en el otro la objetividad ambos requieren métodos, intuición y creatividad. Cuando ambos campos del saber confluyen en un mismo proyecto, este suele generar diversas emociones y goce estético en algunos casos. Uno de ellos está ubicado en la Ciudad de México, en donde hacia los años cincuenta por el crecimiento de la ciudad se hizo necesario traer agua de poblaciones cercanas, uno de ellos el río Lerma que atraviesa todo el Estado de México, el espacio donde llega, el distribuidor o cárcamo el cual abastece en un 30% de agua a la ciudad de México.

El papel que tuvo el arte en esta obra de ingeniería fue el aporte de Diego Rivera, un mural en movimiento, en donde plasmó sus ideas basadas en las teorías de Alexander Oparín sobre el origen de la vida. En el mural se observan escenas de la cotidianidad tanto de campesinos, obreros y la alta sociedad entorno al líquido vital. En la parte externa del cárcamo se encuentra la escultopintura de Tláloc, dios de la lluvia para los pueblos prehispánicos.

 


“Esta fuente –expresó Rivera- tuve la oportunidad de realizar la integración plástica de la pintura y la escultura, haciéndolas vivir dentro del agua, la cual da movimiento a sus formas. El cielo reflejado en el espejo acuoso lanza al espacio la escultura extendida sobre él. La máxima visibilidad se obtiene desde la altura. Un cuerpo pétreo, policromo, con sus verdes, rojos, blancos, amarillos, logrados con mármoles, basalto, mayólica, piedras de diferentes tonos y azulejos fragmentados. Por eso Tláloc se hace visible desde el cielo y ofrece en sus formas movimientos que recuerdan las serranías…Tláloc ofrece el medio líquido indispensable a la vida del ser humano y con la mano izquierda planta cuatro granos de maíz…” (P.59)[1]

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Canal de agua rió Lerna, estas manos se integran con la escultura exterior de Tláloc

Desafortunadamente en el transcurso de un año el mural sufrió un gran deterioro a causa del agua, a pesar de la promesa de Rivera sobre la duración de éste, por lo que tuvo que ser restaurado y el agua fue desviada de manera que no entrara a la cámara donde estaba el mural, aún se encuentra a la espera de su uso originario.

En este trabajo confluyen el saber arquitectónico, de ingeniería y el artístico para brindar a la humanidad un espacio de memoria cultural de un fragmento de la historia mexicana. La interdisciplinariedad para Diego Rivera ocupaba un lugar importante dentro de su pensamiento socialista, le parecía pertinente la obra en un espacio público, fue por ello que aunó su trabajo con el del arquitecto Ricardo Rivas quien era miembro de la Unión de arquitectos socialistas y que anteriormente había trabajado con David Alfaro Siqueiros en otro proyecto de integración.
El espíritu nacionalista e indigenista de Rivera lo llevó a considerar que una obra donde interviniera el conocimiento científico, técnico y artístico permitiría propiciar el bienestar y la emancipación del ser humano, pensando desde varios campos del conocimiento las formas de reconciliación del hombre con la naturaleza y el derecho al agua, la educación y la cultura.

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Mural interior con elementos de vida cotidiana y teorías de Alexander Oparin

En 2011 fue incluido en este espacio otro resultado del trabajo interdisciplinario, la cámara Lambdoma construida por Ariel Guzik quien ha explorado aspectos de la física clásica para darle un sentido artístico. Como consecuencia de la desviación de entrada de agua al cárcamo con el fin de preservar el trabajo pictórico de Diego Rivera, esta máquina hace que los elementos vitales confluyan en diversas máquinas que están en el cárcamo, estas captan las ondas energéticas de la entrada del agua en las tuberías que la conducen a los tanques de almacenamiento y purificación, el viento, las condiciones atmosféricas y el sol se materializan en un especie de órgano con una serie de flautas doradas, es así como se logran escuchar diferentes tonalidades que evidencian la presencia de esos elementos de la naturaleza y permiten al espectador tener una experiencia sensorial e introspectiva del mural de Diego Rivera evocando nuestro origen y antepasados, el agua y lo indígena.

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Cámara Lambdoma

 

[1] Secretaría del medio ambiente, Gobierno del Distrito Federal, Museo de historia natural y cultura ambiental. (2012). El agua, origen de la vida en la tierra. Diego Rivera y el sistema Lerma. Arquine S.A. México.

texto por Adriana Córdoba

Fotografías: Adriana Córdoba, México, 2014.

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