El Museo: Máquina del tiempo

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Visitar el Museo Iglesia Santa Clara  abre la posibilidad de sumergirse en un espacio que llevó más de siglo y medio de  trabajo incansable de pintores, escultores, ensambladores y talladores, para   lograr consolidar la  forma que posee en la actualidad; a este lugar se le podría asignar los efectos de una máquina del tiempo, la cual permite a los visitantes relacionarse de manera cercana con una arquitectura  e imágenes propias de la época colonial, basadas específicamente en “la espiritualidad propia de los Franciscanos, articulada a la mística desarrollada por las clarisas, así como a las diferentes devociones particulares” (Cruz en Toquica, 2014, p. 41), con el objetivo ejemplarizante de cultivar y divulgar una espiritualidad  que aún hoy en día, continúa causando  impacto y veneración por parte de algunos sectores de la sociedad.

Esta antigua iglesia que hacía parte del convento de las clarisas,  tuvo que pasar por un largo proceso antes de convertirse en Museo; comenzando su historia en el año 1618 con la solicitud de la Licencia Real para su  fundación en Santafé, presentada por el arzobispo Arias de Ugarte, quien tenía como ideal dar inicio a “una obra pía para doncellas virtuosas, honradas y de limpia sangre” (Escovar en Toquica, 2014, p. 31). Según los archivos privados de esta comunidad consultados por la historiadora Toquica, el 13 de enero de 1625 se firmó la escritura de fundación.

La obra comenzó con la adquisición de varios predios ubicados en lo que hoy se denomina las carreras 8ª y 9ª; pero la infortunada  muerte del maestro Matías de Santiago, quien había realizado la traza de la iglesia y el convento, aplazó la terminación  del proyecto en 50 años.  Este acontecimiento no cambió el objetivo específico de adquisición de terrenos  por parte de  la comunidad de las Clarisas, lo cual estaba a cargo de la abadesa Damiana de San Francisco, llegando  a tal  punto que “entre los años de 1637 y 1638 la manzana  en su totalidad quedó como propiedad del convento de Santa Clara” (Escovar en Toquica, 2014, p. 33).

Dos siglos después con la llegada al poder por segunda ocasión del general Tomás Cipriano de Mosquera, la situación de las Clarisas  y de la  iglesia  en general tuvo un cambio radical; en 1861 se estableció el decreto “sobre la desamortización de bienes de manos muertas”[1], el cual era soportado bajo el argumento de las dificultades económicas  padecidas por el país, debido a que parte de la riqueza pública representada en bienes raíces, no habían tenido ninguna clase de circulación,  llevando a  la  nación a tomar posesión a través de este decreto, de las propiedades y bienes de corporaciones civiles y eclesiásticas. Esta decisión dejó como resultado la excomunión del general y obligó a que las propiedades que pertenecían a la iglesia comenzaran a servir a otros sectores como el de la  educación, la salud y el gobierno.

En el caso específico de las  Clarisas, en el  año de 1863 las monjas fueron exclaustradas llevándolas a pasar  por diferentes domicilios, hasta que en el año de 1871 adquieren la propiedad de la familia Rivas, sirviéndoles como  vivienda por un largo tiempo. Años después el Gobierno  adquirió la propiedad realizando las reformas necesarias para dejarla como sede de la Biblioteca del Congreso.

Por otro lado, gran parte de los terrenos del convento fueron subastados, quedando en pie la iglesia y el edifico principal, el cual  ha sufrido  un gran número de modificaciones y usos a lo largo del tiempo; comenzando por el de guarnición militar, después pasó  a convertirse en sede de la Escuela Normal de Institutoras  de Cundinamarca, pero  a partir de una nueva reforma  queda establecido como sede de la Imprenta Nacional. En 1914 es demolido para realizar una nueva construcción que lo llevó a ser parte de la Facultad de Derecho y Ciencias  Políticas de la Universidad Nacional; pero éste no fue su último uso, con los años siguió cambiando para convertirse en sede de diferentes instituciones  como la del Archivo Nacional,  la Escuela Nacional de Bellas Arte, el Instituto Colombiano de Cultura, el Centro Nacional de Restauración, para terminar en la actualidad siendo parte del Ministerio de Cultura.

Por su parte la iglesia fue  adquirida por el Instituto Colombiano de Cultura, estableciéndose como Museo el 10 de agosto de 1983. A partir de ese momento comienza a formar  parte del legado Colonial de la Nación, donde el énfasis de  su composición artística es la mujer, destacándose   la  descripción de  la vida en  el convento. Pero a pesar de que han pasado casi 33 años desde que la iglesia fue desacralizada;  según Juan Pablo Cruz curador del Museo, este espacio sigue siendo visto, por algunas personas, como un lugar de culto religioso,  al que han llegado esporádicamente a preguntar por la hora de la misa, en otras ocasiones han realizado  oraciones delante de  las diferentes esculturas, en un ritual en el que piden silencio y respeto por el espacio; estas anécdotas confirman que el Museo no ha dejado de ser iglesia en el imaginario de aquellos que siguen prendiendo velas frente al retablo mayor, en  espera de que algún milagro se haga realidad.

Las anteriores, son algunas de las razones por las que a partir del año 2000 el Museo Iglesia Santa Clara decide ratificar su condición de Museo, para ello, se establecieron dinámicas de fortalecimiento basadas en el tema de exposiciones  de arte contemporáneo, teniendo como prioridad que no cualquier tipo de propuesta está  calificada para ocupar este espacio, ya que  el requisito fundamental es que presenten  diálogos con lo colonial, lo cual es supervisado por “un comité que se reúne casi siempre en el mes de octubre para revisar las propuestas  que llegan a lo largo del año”, (J. Cruz, comunicación personal, 6 de mayo de 2016).

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[Fotografía de Inti Baquero]. (Bogotá,2016). Museo Iglesia Santa Clara. EMBOVEDADO (detalle). Pintura al temple sobre madera y pentafolias en madera tallada y dorada. Siglo VIII

Proceso de restauración

Planos

BIBLIOGRAFÍA

Catálogo Museo Santa Clara. (2014).

Cruz, Juan Pablo (2016). Comunicación personal.

[1] Decreto en Registro  Oficial, año I, número 13 (Bogotá,  miércoles 11 de septiembre de 1861), 55, citado en Fernando Díaz, “Estado, iglesia y desamortización”, en Manual de historia de Colombia, volumen 2 (Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura, 1978), 444.

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