Oscar Muñoz, el aliento y la memoria.

La memoria y los usos sociales de la fotografía para retener el recuerdo es uno de los temas recurrentes en la obra de Oscar Muñoz, “La memoria, entendida como las representaciones colectivas del pasado tal como se forjan en el presente, estructura identidades sociales, incribiéndolas en una continuidad histórica y otorgándoles un sentido, es decir, una significación y una dirección ”.(Traverzo,Enzo 2007) no solamente desde las perspectivas de construcción de colectivo social como dispositivo de espacio reflexivo y político con el colectivo Ciudad Solar se han dado estos espacios de emancipación del espectador y del artista, sino desde diferentes obras que cumplen teórica y prácticamente las políticas estéticas que plantea Jacques Ranciére ya que en retrospectiva ha realizado un trabajo que se puede organizar, en varias aristas según los conceptos post-utópicos del arte en este caso el dispositivo del encuentro a través de la obra Aliento.

Aliento, 1995

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Lo espectral se hace presente, visible, a través de nuestras acciones, un ligero fulgor de la vida en un respiro, un ligero pasado que se hace evidente y que a la vez es incontenible en si mismo en un solo aliento. la tradición de la memoria Colombiana, ha sido una lucha por el consenso del olvido entre diferentes agentes de la sociedad y el estado; la cual busca hegemónicamente un destino para las reflexiones acerca de la guerra civil colombiana. Se confronta como el estado sistemáticamente desde la segunda mitad del siglo XX, ha preferido el olvido que el perdón a través de las desapariciones forzosas dados por diferencias ideológicas, intereses territoriales y/o de comercio. “En 1994 se produjeron 1.577 víctimas por hechos de violencia política, violación de derechos humanos y violencia contra marginados y discriminados. Esta suma de hechos podrían clasificarse de la siguiente manera: 1.268 asesinatos y 113 desapariciones de personas por motivos políticos o presumiblemente políticos y 196 asesinatos contra marginados. A esto se suman las 841 víctimas producidas por las acciones bélicas, contando entre ellas particulares, militares y guerrilleros.” CIDH (1995, 17 febrero)

El estado busca la legitimidad de su poder ideológico y hegemónico; a través de la dominación mediante la fuerza, el abuso de poder, reducción de libertades y corrompiendo las leyes democráticas, haciendo de ello un mecanismo de control. Esta versión de los hechos se recrea nuestra historia y busca un consenso donde las desapariciones sistemáticas (crímenes de estado) se transforman en silencio, en polvo y en olvido.

Es quizás Aliento de Oscar Muñoz, el reflejo de un estado social que nace a partir de las fotografía en su uso social para retener el recuerdo, de un ser en la memoria de unos pocos y que a través del acto de expirar bocanadas de aire los evoquemos a la memoria y al encuentro con el extraño que se encuentra al frente de la imagen.

“La versión oficial, mil veces repetida y machacada en todo el país por cuanto medio de divulgación encontró el gobierno a su alcance, terminó por imponerse” (Márquez, 2006:426)

Los hechos planteados del conflicto interno colombiano plantean siempre una diferente entre el dolor y los actos reales que suceden como lo que legitiman los discursos un ejemplo, es el caso de falsos positivos, que desliga de una desaparición forzosa por parte de militares para dar muerte a un ciudadano inocente, lo cual cambia de contexto una verdad que está latente entre líneas crímenes de estado, y la cotidianidad de estos hechos reduce el impacto en la memoria colectiva al imponerse desde lo común, “Una lucha hegemónica, la cual se construye diariamente con las herramientas desde la vida de la gente, su cultura, sus lenguajes, sus formas de pensamiento, sus lógicas de cálculo, sus sistemas de valores, etc. Y, al mismo tiempo, lo que esta en juego en tales luchas es precisamente la manera en que la vida cotidiana es organizada y entendida. Una lucha hegemónica que usa la conciencia y lenguajes populares para cambiar la conciencia y lenguajes populares. Usa el sentido común, opera con y sobre el sentido común para cambiar el sentido común. Habla al y con sentido de lo que la gente considera como lo que realmente importa en aras de redefinir sus mapas de lo que importa.” (Grossberg, 2004:56) Aliento plantea un encuentro desde la emancipación de la memoria a través de lo que se hace presente en el mismo símbolo de vida, la coo—presencia de las personas, las memorias y las cosas que conforman nuestro mundo.

A través del servicio de inventario fotográfico que realizo Oscar Muñoz con imágenes de archivos de periódicos de personas desaparecidas se ha creado un servicio, para corregir la vinculación de la memoria colectiva en pro de la emancipación del concepto político histórico que tenemos del conflicto armado colombiano y la representación histórica de los hechos de violencia por parte del estado. “Re—describir los hechos con un lenguaje nuevo y apropiarnos de ellos así, para deshacernos de las metáforas de las generaciones previas, que nos atrapan en un lenguaje que no es el nuestro, y encontrar nuestras propias metáforas para las cosas, nuestro propio modelo, uno que se adecue mejor a nuestra manera de ver las cosas y estar en el mundo. ”(Blom, 2007:6)

El encuentro está en Aliento no solo en lo relacional frente a objetos artísticos y las personas que puedan circundarlas, relacionándose entorno a ellas, sino en la imagen de otro inscrita en la imagen propia, haciendo una disrupción al poema de comunión plenaria de Oliverio Girondo se podría decir, ¡Las veces que he muerto al ver matar a un hombre! La poética que en si mismo contiene Aliento es un acto que cuestiona la memoria incrustada por los dispositivos de control de parte del estado. La pregunta recurrente en Aliento es quienes somos frente a los desaparecidos cuando el ultimo soplo de vida es una acto de lucha frente a los que nos escapa de nuestra capacidad acción, pero no frente a nuestra capacidad de cuestionarnos los hechos que ante nosotros es revelado, a veces los residuos en la memoria hacen mucho mas fuerte las conexiones con los seres despojados de sus derechos aun si estos no tiene un vinculo familiar podemos a través de actos poéticos crear vínculos éticos entre los desaparecidos y nosotros para reconciliarlos con un aliento de vida.

BIBLIOGRAFÍA

Blom, Philipp. “El policia empapado o ¿Quién es el dueño de la historia?”. En: Revista
el Malpensante. Bogotá número 82. 2007.
http:/¡www.banrepcultural.org/oscar—munoz/protograñas.html
Grossberg, Lawrence. (2004). “Entre el consenso y la hegemonía: notas sobre la forma
hegemónica de la política moderna”. En revista Tabula Rasa. Numero 2. Bogotá (PDF)
García Márquez, Gabriel (1967). Cien años de soledad. Buenos Aires: Editorial
Sudamericana
http://www.hchr.org.co/documentoseinformes/documentos/hthinformes/osi/cidh/CI
DH%201nforme%20Anualº/0201994%200%ZOOEA—SER—L—V—Il—88-DOC—9.html
Traverzo, Enzo. (2007). “historia y memoria: ¿Una pareja contradictoria?” y “El tiempo y la fuerza 2. En: El pasado, instrucciones de uso. Historia, memoria, política.Barcelona: Marcial Pons
Ranciere, Jacques. Sobre politicas estéticas, Barcelona: Museu d’Art Contemporani de Barcelona;
Bellaterra : Servei de Publicacions de la Universitat Autónoma de Barcelona, 2005, pp. 13-6 .

 

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