Tema y concepto en las manifestaciones plásticas

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Lesley Harrison

Hace poco me vi enfrascado en una discusión sobre “el concepto”. Dialogo que surgió de ver una pintura en la cual estaba representado un caballo, y cuyo título era “el brío de la libertad”. Mi interlocutor defendida dicha obra argumentando que el autor manejaba un concepto claro: “la libertad” y por este motivo, y bajo estas premisas era una obra conceptualmente valida.

Al respecto es bueno hacer el ejercicio de entender y poder explicar que es lo que hoy en día se entendería por concepto en el arte, o mejor dicho, cuando podemos decir que una obra está manejando un concepto y que por tal motivo, se puede tomar como obra conceptual; y habría también que empezar a distinguir cuando una obra maneja un tema que no alcanza a ser un concepto.

Básicamente podríamos decir, que el arte conceptual es aquella manera artística de expresarse, donde la idea prima por encima de los medios tradicionales de expresión, no quiere decir esto que los excluya, sino que llegado el caso, el artista, en pro de su mensaje, acude a los medios que considere más pertinentes, los cuales pueden ser: la utilización de objetos como obras que no se medían por sus valores formales, sino por la idea y los mensajes que plantea al púbico, la aparición de nuevas formas artísticas no convencionales como instalaciones, preformas, video-arte; cualquier forma de expresión válida para comunicar ideas, para comentar y analizar la realidad, criticar la sociedad, y sobre todo entender la relación entre arte y política; por último la adopción de estéticas no convencionales que se apartan de los estándares de belleza tradicionales y ,diríamos, casi que hay una intención de destruir la concepción, que el espectador promedio tiene del concepto de arte.

Es en estos términos lo que hoy entendemos como arte conceptual o como dirían en los años ochenta “arte-idea”; que no es otra cosa que lo que podríamos denominar arte contemporáneo y para el caso de Colombia, como dato curioso, sólo hasta el año 1978 fue premiada una obra conceptual en los circuitos institucionales oficiales.
Si hablásemos en términos de Ranciere, o sea, del arte como una reconfiguración de la división de lo sensible, de un acto de disenso, de una acción política, de empoderamiento por parte de aquellas personas que de uno u otra forma han sido vulnerados en sus derechos y que por medio de una propuesta plástica, tienen la oportunidad de poseer voz. En ese sentido una obra, donde el artista hace un caballo, y su sustentación teórica dice, estar haciendo un tratado sobre los valores de la libertad, no podríamos atribuirle cualidades reivindicatorias esenciales de un arte conceptual, pues, en ultimas, lo único que está haciendo es una alegoría utópica de la libertad, en donde solamente nos invita a la contemplación y al deguste estético dentro de las categorías Platónicas de belleza y de verdad, y el goce desinteresado de la finalidad sin fin de Kant. Cualidades más pertinentes a un concepto de obra moderna, en donde primaba el objeto, pero ya no el objeto tomado de un orden natural sino la interpretación del mundo como símbolo, donde la firma es importante, la firma como valor de diferencia (BAUDRILLARD, 2008).

Y por supuesto el autor es el único, el genio, donde “el valor se trasfiere de una belleza eminente, objetiva, a la singularidad del artista en su gesto” todas esas son características de un objeto artístico pero no de una obra conceptual. Y ya que citamos a Baudrillar, habría que ver la autenticidad del caballo, pues las copias solo hasta el siglo XIX tuvieron valor, pero en nuestros días es algo inadmisible, total si viésemos que ese caballo es tomado literalmente de las imágenes de internet, o de las revistas ecuestres donde simplemente se evidencia un acto de copia, pero que no hay un aporte sustancial a lo que Baudrillar denomina el gestual, tal vez esa obra del caballo, ya ni siquiera podría calificarse como arte.

Horse and rider
Horse and Rider – Patrick Gries – 2013

Esta mera contemplación, a la que nos invita la obra del caballo, aunque no es del tipo que describe Guy Bebor en su escrito “ la sociedad del espectáculo” no deja de ser pasiva y por tal motivo se aleja de una verdadera obra de intención conceptual. Por otra parte, habría que analizar a qué clase de público objetivo va dirigida esta obra del caballo, pues, por lo general son obras que terminan en manos de una clase media alta, tal vez en la pared del bufete de un abogado que, (siendo abiertamente irónico) en el peor de los casos, dicho abogado vaya en contravía de esa supuesta libertad que representa el cuadro. Entonces dicha obra como dispositivo, que ponga en conflicto las relaciones de poder, queda totalmente anulada y fetichizada como objeto que no contradice nada, y que se integra al sistema de objetos cotidianos “distribución sintagmática de los objetos en el espacio” (Baudrillard pg 119).
En este sentido podemos acatar que el arte conceptual nace también como una respuesta a esta cosificación de la obra, desde el manifiesto dadaísta se plantea abiertamente la necesidad de crear un arte que no tenga un valor de uso y su valor de signo no pueda ser reducido al valor de cambio. Y desde esta perspectiva es obvio que un cuadro de un caballo es prácticamente una obra donde su balanza se inclina indiscutiblemente hacia los circuitos del valor de cambio, aunque, como dijo un galerista, lo que se puede vender como arte, es arte.
Por otra parte, no queremos descalificar el hecho de que un artista pinte un caballo y le ponga el título que quiera y a su alrededor diga todo un discurso del porque hace dicha obra. Lo que aquí queremos aclarar es la diferencia entre una obra que maneja un concepto y una obra que maneja un tema. Aunque aparentemente son cosas muy distintas y lógicas da la impresión de que no son tan claras como pensamos y estos límites en ocasiones son borrosos.
Tomemos como ejemplo la obra del maestro Fernando Botero, donde él retoma las torturas en Abu Ghraib, dicha obra no tiene una intención, aparentemente, de empoderamiento de las víctimas, no hay una propuesta de solución ni de cambio, y como denuncia se ve disminuida ante la contundencia de las verdaderas imágenes que circulan por internet. Total tanto en la obra de Botero como en la obra del caballo brioso, lo que hay es un tema, una ritualización de la memoria, vuelvo y digo, no por eso estamos descalificando dichas obras, pero no nos parece, que colocan en conflicto conceptos establecidos y naturalizados, no revela cosas que no son obvias de ver, no dan respuesta a un planteamiento problemático. Y no pone al observador a encontrar las preguntas que motivaron sus respuestas plásticas.
En este sentido podríamos hacer una conjetura, si el tema es el ¿qué? entonces el concepto seria el ¿Por qué? o el ¿Para qué? Es en el ¿Para qué? donde radica la intencionalidad conceptual de una obra, por otra parte el ¿Cómo? sería la técnica o el medio de manifestación de la obra, que no bastaría tomar una técnica intrínsecamente conceptual, no objetual, para garantizar que la obra tenga un ¿Para qué? o una carga conceptual totalmente clara. Basta darle una mirada al ensayo “antagonismo y estética relacional” de Claire Bishop para comprender la importancia del ¿Por qué? en una obra. Claire hace alusión al concepto de Bourriaud sobre el arte relacional. Nicolás Bourriaud expone sus planteamientos sobre estética relacional y política, poniendo como ejemplo la obra de Rirkrit Tiravanija, donde éste artistas, en la sala de exposiciones hace cocina tailandesa e invita a las personas a degustarla, propiciando así, según Bourriaud, relaciones que permiten el “dialogo” creando situaciones democráticas y políticas. Pero en una expresión artística relacional donde hay un intercambio sensible de personas, no solo se puede juzgar desde los aspectos estéticos sino eso implica un juzgamiento a la obra, desde los aspectos éticos, y es en este sentido donde Claire Bishop pone en evidencia la falta de disenso, de contradicción, entre encuentros casuales de personas muy homogéneas (personas asiduas a los circuitos del arte) relaciones que no implican mayor tensión, ni re-configuración de las relaciones de poder y resalta aquí Claire, la falta del ¿Para qué?, como lo sostiene en el siguiente aparte:
“Aunque hasta cierto punto es una buena forma de comunicación, no es en sí ni de por sí representativa de la “democracia”. Para ser justos, creo que Bourriaud es consciente de este problema, pero no lo señala en el caso de los artistas que promueve: “Conectar a la gente, crear una experiencia interactiva y comunicativa”, dice. “Pero, ¿para qué? Creo que si uno se olvida del ‘para qué’, queda un mero ‘arte Nokia’, que produce relaciones interpersonales por el solo hecho de hacerlo, sin llegar nunca a apelar a los aspectos políticos de esas relaciones”. ¹

En conclusión, cuando una obra maneja un concepto, maneja ideas estructuradas que tienen un por qué y un para qué, en donde buscan el empoderamiento de alguien o de algo, donde se busca develar verdades, cambiar estructuras de poder, y emancipar a los individuos. O por lo menos construir significados nuevos en torno a un tema.
Por otro lado el tema es una excusa para el ejercicio de la producción de obra, aunque el tema puede llegar a ser evocador, se limita al solo “que” del asunto, sin ampliar los límites simbólicos del conocimiento del tema. El arte de tema, fabrica productos. El arte que trabaja un concepto hace conexiones que generalmente se supone no posibles.
En este orden de ideas, el arte que verdaderamente maneja un concepto no es el que trabaja un tema , sino el que reflexiona sobre sí mismo, el que plantea en si, un nuevo aporte al mismo quehacer artístico.

 

BLIOGRAFIA
Camnitzer Luis, la enseñanza del arte como fraude, http://esfera publica.org7nfblog?p=5140, publicado por luis Camnitzer 20129/03/21.
Rubiano, Elkin, Arte urbano contradiscursivo, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2012
Baudrillard, Jean. Crítica de la economía política del signo. “El gestual y la firma: Semiurgia del arte contemporáneo”, “La subasta de la obra de arte: intercambio / signo y valor suntuario” y “Más allá del valor de uso”. Siglo XXI editores. Buenos Aires 2008.
¹Bishop, Clarire, Arte nokia | Antagonismo y estética relacional, http://esfera publica.org7nfblog?p=5140, publicado por Catalina Vaughan en 2009/09/06.
Bourriaud, Nicolas, Estetica relacional, Adriana Hidalgo Editores.Debord Guy, La sociedad del espectgáculo,
Ranciére, Jacques, Sobre Politicas estéticas.
Ranciére, Jacques, El espectador Emancipado, Manantial, buenos Aires.

imagen de portada: From “Parade”, the French Ballet that united the minds of Erik Satie, Jean Cocteau, and Pablo Picasso 1917

Neil Avella Gonzalez

Licenciado en Artes Plásticas, (1999) de la UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA Y TECNOLÓGICA DE COLOMBIA U.P.T.C. sede en Tunja.  Magister en Estética e Historia del Arte, UNIVERSIDAD JORGE TADEO LOZANO sede Bogotá.  Ha realizado estudios de profundización en fotografía artística, Universidad Nacional,  restauración de elementos cerámicos arqueológicos UN-Museo Suamox, escultura monumental. Diplomado en educación tutorial y gestión cultural. Su experiencia docente abarca más de diez años como docente universitario, y ha trabajado en diferentes aspectos de la docencia, desde la educación formal, población vulnerable hasta proyectos para personas con necesidades educativas especiales.

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