BLANCO PORCELANA, IDENTIDAD Y MEMORIA ÉTNICA. 2

Parte 2

2. Racialismo, racismo y biopolítica
La problemática de la identidad racial, ha sido estudiada por diferentes artistas colombianos en otras propuestas, Liliana Angulo con diferentes obras  hace una reflexión sobre lo negro:

“El uso de la palabra “negro” en mi trabajo tiene que ver con las arraigadas significaciones, tanto visuales, como conceptuales, acerca de la identidad étnica en mi país. Me importan en la palabra “negro”, tanto las reflexiones visuales, como las relaciones culturales e históricas que le son inherentes.[…] En las fotografías, uso mi imagen para reflexionar sobre mi propia identidad y sobre los procesos de los “afros” en Colombia y América.” (ANGULO, Valenzuela klenner Galeria, 2011)

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Lorena Zúñiga con su performance Blanco Siniestro y en la exposición Pelambrera y Dejáme mí pelo quieto con Martha Posso “utiliza su cuerpo en acciones simbólicas para cuestionar prejuicios raciales de la percepción del “negro”. En Blanco Siniestro construye una retórica alrededor del color blanco como opuesto al negro. En un ritual íntimo va consignando textos con pigmentos oscuros sobre un telón blanco con los cuales nos cuestiona: ¿Me temes?, ¿te doy asco?, ¿te avergüenzo?” (Banco de la República)

Por su parte, Fabio Melecio Palacios en No todo es igual, no todo tiene la misma significación “La preocupación […] en su trabajo es la de poner en tela de juicio los tabúes, los clichés, los prejuicios y la estigmatización social del “negro”. […] retrata jóvenes negros marginales y los confronta directamente en vivo con el espectador; el malo, el feo, el indeseable, son estereotipos peyorativos de representación del joven negro que el espectador lee por el lenguaje superficial de las apariencias.” (Banco de la República)

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Pero el caso de Margarita Ariza llama especial atención, por el hecho de ser expuesta por una persona que no se identifica como perteneciente a una etnia particular, como lo hacen los anteriores artistas, todos afro descendientes, sino que reconoce en el mestizaje la constitución de su ser, y explora diversos modos de exclusión sustentados en el tono de la piel y que han generado un mercado mundial de productos y técnicas para aclarar la piel, alizar el cabello, transformar las facciones o cualquier otra característica que se relacione con el estereotipo de raza negra. Esa visión racial enajenada, por la naturalización de una serie de expresiones, comportamientos y hábitos, formulados como valores éticos y estéticos, categorizan a las personas y comunidades y trascienden en lo social, económico y político, en jerarquías, que limitan el acceso a la educación, al trabajo y al bienestar social, evidencia de lo que Anibal Quijano (Quijano, 2003) llama colonialidad del poder, del saber y el hacer. De esta forma, se han creado múltiples mecanismos de transformación corporal para adquirir el gesto particular de los poseedores de estas cualidades implantadas: Piel clara, cabello liso, rubio y sedoso, facciones finas, nariz recta, boca delicada, mejillas sonrosadas, cuerpos delgados y otras particularidades idealizadas como valores estéticos supremos del arquetipo de raza blanca.

Esa identidad racial sujeta a las características propias de la raza blanca, que constituye la mismedad, es una configuración sensible establecida de forma policial, como denomina Ranciere “al conjunto de los procesos mediante los cuales se efectúan la agregación y el consentimiento de las colectividades, la organización de los poderes, la distribución de los lugares y funciones y los sistemas de legitimación de esta distribución” (Ranciere, El desacuerdo, Política y filosofia, 1996, p. 43) y por tanto administrada y naturalizada de forma tal, que delimita un escenario común con la asignación a cada grupo, de roles para actuar, además de papeles y tareas para realizar, es decir el reparto de lo sensible a la clase correspondiente. Ese actuar policial que enajena a la otredad ha sido evidenciado en muchas ocasiones por artistas, pero el poder emancipador del arte no está en simplemente exhibir o cuestionar el circulo de poder, el poder del arte está en la política, según Ranciere, romper la configuración sensible de identidades construidas y empoderadas para dar parte, a los sin  lugar, “la parte de los que no tienen parte”, la Desidentificación con la redistribución de lo sensible.

La instalación de “blanco Porcelana” como proyecto, se ha ido complementando por la experiencia del público en las diferentes exposiciones que se han realizado. Ariza inició con una intervención sonora, en una estación de Transmetro en Barranquilla, con frases muy utilizadas, que condicionan un pensamiento racializado como: “El sí salió bello, rosado, blanco” “Es maluquito, morenito, no tiene porte” “pero tu mama es blanca” y muchas otras, que han enriquecido el proyecto por la respuesta asertiva de los transeúntes. Una cartilla de un “cuento de ada” de la historia familiar con el lenguaje cotidiano de éstas frases que normativizan la belleza “blanca”; la utilización de espejos intervenidos con peinados propios de cada estereotipo o con la imagen de la abuela como reflejo en polveras; un performance de prácticas de blanqueamiento corporal; una cuna para la llegada del bebe ideal, acompañada de productos de belleza para el blanqueamiento; el álbum personal y sus fotos modificadas, han complementado el proyecto de Margarita. Estas ideas surgen de la retroalimentación que el público hace en cada escenario que participa; la estación, el almacén de productos de belleza, la galería de arte, el espacio virtual de la página web o en las redes sociales de Facebook, son espacios de consumidores diferentes, pero que reconocen en la obra, vivencias y pensamientos comunes que han sido interiorizados y practicados en diferentes escenas sociales, pero invisibilizados como expresión de un pensamiento racista.

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La configuración del individuo jerarquizada a partir de la racialización, se transforma en racismo a partir del establecimiento político del cuerpo (corpo-política), con la definición, diferenciación, unificación y distanciamiento de los sujetos, a través de un ordenamiento simbólico de superioridad para unos, que bajo las dinámicas de poder, fortalecen éstas posiciones, con la normalización de las identidades de la población, bajo patrones y modelos de regulación y contención, desembocan en el bienestar para unos y el desmedro para otros, el reparto de lo sensible, según Ranciere. Esta distribución de la población bajo identidades normalizadas (biopolítica) para un escenario común, fue parte importante de la conformación del pueblo perteneciente a la nación en el proyecto de modernidad de toda Latinoamérica y se ha mantenido históricamente sustentado desde las ciencias (biológicas, económicas, antropológicas) y el poder, bajo la idea del progreso social. (Castro-Gómez S. y., 2008) Pero en una sociedad jerarquizada mientras unos se benefician, se crean fracturas sociales, distanciamiento, segregación y exclusión para otra parte de la población; la alteridad del circulo de poder, conformado por los otros, que en su condición marginal regularizada, aceptan su condición, refuerzan la mismedad y la sustentan con la ilusión y el deseo, como meta de superación.
La búsqueda por alcanzar el modelo establecido, como forma de superación, ha convertido el ideal de blancura, en símbolo de bienestar, belleza, salud y riqueza, al mismo tiempo que su antagónico, lo negro, supone fracaso, fealdad, padecimiento o pobreza. Por tanto, la ilusión y los deseos se convierten en otra forma política de regulación del individuo, la noo-política. Bajo este régimen de poder, el mundo capitalista produce mercancías especializadas para los cuerpos alienados: cremas para blanqueamiento facial, axilas, rodillas y hasta vaginal, productos para desrizar el cabello, cosméticos para ocultar manchas y pigmentaciones y obtener la piel de porcelana, cirugías para dejar la nariz recta, plegar los parpados orientales, lentes cosméticos para tener ojos claros y toda una serie de dispositivos para obtener la delgadez de las modelos europeas, que se comercializan no solo en América latina, sino en Asia y África, países con tradición colonial, donde el ordenamiento del cuerpo bajo el modelo europeo blanco, se establecen como fetiches que deben ser alcanzados, aunque nunca  logrados, o lo que Walter Benjamin llama imágenes desiderativas, imágenes engañosas que enmascaran las relaciones de producción y las estructuras de dominio de la sociedad. Está alineación estética, moral y ética no sólo ha subjetivado a los individuos, su producto llega a la construcción del estilo de vida, la formulación de la realidad con sus problemáticas y la enunciación del relato histórico centralizado en Europa, como si los pueblos aborígenes de los demás continentes no tuvieran su propia historia y solo existieran en la comparación de su tiempo y su cultura con lo europeo.

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La modelación del cuerpo, formula un paradigma estético, cuyo sustrato son todos los dispositivos que regulan los modos de pensamiento, de conocimiento y de acción, para la sujeción de los individuos al servicio del poder, acoplándolos al entorno cultural bajo estrategias de consumo. En las dinámicas del capitalismo, todas las formas sensibles de manifestación del individuo, están elaboradas bajo la representación de los modelos establecidos, lo que deriva en una homogenización de la percepción estética. La alienación del sujeto normalizado dispuesto a materializar la realidad idealizada, representarse bajo la suplantación, la mímesis, para tomar el carácter que simula las características del individuo empoderado en la sociedad.

3. Emancipación étnica
La experiencia personal ante el régimen de blancura, expuesta en el trabajo artístico de Margarita Ariza, es una experiencia común a otros individuos, que en situaciones y contextos particulares logran identificarse en espacios, objetos, sujetos y el tiempo que se descubre en la obra, se entabla un dialogo entre la experiencia subjetiva y esas otras vivencias que entran en discusión. Una participación sensible que logra romper la esfera personal de experiencia para interactuar con miradas y posiciones ajenas, de esta manera, constituyen una red de relaciones, donde se posibilita una reconfiguración de lo sensible, la deconstrucción del modo de ser a través de la transformación de visión que se tiene del mundo, de la percepción y posición espacio/tiempo, del estar juntos, en medio o separados. De ésta forma, Blanco Porcelana, tiene un carácter político; devela el entretejido de una serie de costumbres sociales cotidianas que cubren pensamientos racistas y discriminantes, arraigados por el modo de comprensión de mundo colonial actual.
Jacques Ranciere sitúa este tipo de expresión artística en el arte pos utópico, en el que la función del arte es “hacer visible lo que no es” y como lo reconoce Ariza, “la misión de la práctica artística en éste caso es la de levantar este velo y ofrecer un ‘espejo’ para reconocerse y repensarse”, de esta manera el sujeto se de-construye, se des-identifica y edifica nuevas subjetividades que reconfiguran a los sujetos. Se abre la posibilidad de construir nuevos sujetos en sus modos de ser, de sentir y hacer en la sociedad.

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Blanco Porcelana

El trabajo de Ariza se constituye como arte relacional, como lo propone Nicolas Burriaud, en él se plantea un dialogo entre la obra y el espectador y es ahí donde se construye el sentido de su lenguaje. La experiencia sensible de quien visita la instalación permite el reconocimiento de la construcción propia de identidad, de acuerdo a una subjetividad familiar, pero que de igual forma está elaborada cultural e históricamente.
Margarita Ariza propone con su trabajo una emancipación étnica, despertar del estado pasivo, en el que se continúa soportando este tipo de valoraciones y se contribuye al sostenimiento y naturalización de la racialización de los sujetos, sin reconocer que en las diferencias étnicas se evidencia la pluralidad de la sociedad colombiana y latinoamericana. La movilización del sentir y el saber de la existencia de este tipo de jerarquías, debe generar una igualdad entre los sujetos. La participación de los espectadores en la obra de Ariza, acciona la mirada y el reconocimiento no solo de las prácticas invisibles, sino de las cualidades físicas y sensibles que posibilitan otro tipo de valoración y representación del ser negro, mestizo, indígena o de cualquier otro tipo de clasificación que se le ha dado a los seres humanos. Cuando los sujetos se auto-reconocen, posibilitan la construcción de nuevas experiencias que conllevan a la formación de caminos hacia la emancipación intelectual; saber, conocer y actuar críticamente sin que exista la barrera entre lo individual y lo colectivo. Como lo propone Ranciere en su obra “El espectador Emancipado” (Ranciere, El Espectador Emancipado, 2010), el espectador de “blanco Porcelana” se convierte en actor y da un paso adelante, compara, reconoce y traduce lo que percibe y lo liga a lo intelectual, obtiene el poder de prever e indagar sobre el propio desconocimiento y lo que ha estado oculto bajo construcciones culturales, sociales, políticas o religiosas. Suprime distancia entre el saber y la ignorancia tomando posición crítica, con la que puede transformar la construcción racial hacia una construcción étnica.
El punto álgido de ésta intervención, es la exposición de su construcción de identidad dentro de la estructura familiar, y con ello, el develo, no solamente de posiciones racistas, si no
jerárquicas y excluyentes en lo sagrado de la familia y las simbologías construidas sobre ella. La mitificación de la imagen de la abuela y su relación de poder con los demás miembros, es evidente en el proceso jurídico entablado contra la obra, su autora y los colaboradores, además de la declaración de persona no grata a Margarita Ariza entre algunos miembros de su familia materna. La puesta en escena de la negación de un mestizaje o como los familiares lo expresan, una violación a la intimidad y del derecho al buen nombre, han abierto dos polémicas importantes, la primera sobre la construcción a partir de la memoria personal, que está sujeta a la memoria colectiva de la familia y la segunda la censura de la libertad de expresión a través del arte. Aunque legalmente la obra no está siendo censurada, sino sometida a una restricción, porque su circulación no está prohibida, tiene la posibilidad de ser expuesta en diferentes espacios, pero sometida a la restricción, bajo la exclusión de los nombres de los familiares que pusieron la tutela. Estos cuestionamientos han puesto en suspenso a “Blanco Porcelana”, por lo tanto es una obra inacabada, que seguirá construyéndose relacionalmente con todos los que se involucren con éste proyecto.
Las obras artísticas han salido del formato; el artista no es el único actor de la obra; el público es constructor de sentido; la forma no representa, vincula; estética relacional según Nicolas Bourriaud (Bourriaud, 2006) y que para Néstor García Canclini, (Canclini, 2010) su trascendencia social está en reconfigurar la experiencia artística, introduciendo nuevos sujetos y objetos que han sido silenciados y ocultos para dar despliegue a sus modos de ser, la política estética que propone Ranciere. (Ranciere, Sobre Políticas Estéticas, 2005) El arte como forma de develar lo no visible del disenso y lograr una participación sensible de cualquier individuo en la red de relaciones de experiencia, para llegar a un estado horizontal de encuentro y discusión, similar a la estructura de las redes virtuales donde ahora fluyen las imágenes electrónicas y vinculan comunidades que en otros contextos se encuentran es disenso y enriquecer los debates que movilizan la dinámica histórico-social en América Latina.

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Sentencia T015  de 2015 

Jaidy Victoria Guisado Bermúdez

CED Jairo Aníbal Niño/ Docente Artes Plásticas

Magister en Estética e Historia del Arte en la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Profesional en Diseño Gráfico UJTL.

Licenciada en Química de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas

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