Julio Flórez un poeta modernista

Integrante del grupo literario la Gruta Simbólica, nació Chiquinquirá en 1868.” Tenía la frente ancha y espaciosa, recta la nariz, sedeños los cabellos de ébano, la boca sensual y unos ojos que soñaban despiertos, grandes y adormilados y como interrogando extrañas lejanías… Tenía algo de los profetas de Judea que templaban su lira a la sombra de los sauces de Babilonia, o de los rapsodas helenos, o de los juglares de la antigua España, o de los bardos de Irlanda que andaban llorando las tristezas de la patria vencida.”¹  El 14 de enero de 1923, se le hace un gran homenaje en su casa, donde ya estaba enfermo y próximo a morir. Se le corona con laureles y el periódico El Tiempo le otorga como regalo una araña de oro.

A mis críticos

Si supiérais con qué piedad os miro
y cómo os compadezco en esta hora.
En medio de la paz de mi retiro
mi lira es más fecunda y más sonora.

Si con ello un pesar mayor os causo
y el dedo pongo en vuestra llaga viva,
sabed que nunca me importó el aplauso
ni nunca me ha importado la diatriba.

¿A qué dar tanto pábulo a la pena
que os produce una lírica victoria?
Ya la posteridad, grave y serena,

al separar el oro de la escoria
dirá cuando termine la faena,
quién mereció el olvido y quién la gloria.

Mis flores negras

Oye: bajo las ruinas de mis pasiones,
en el fondo de ésta alma que ya no alegras,
entre polvo de ensueños y de ilusiones
brotan entumecidas mis flores negras.

Ellas son mis dolores, capullos hechos
los intensos dolores que en mis entrañas
sepultan sus raíces cual los helechos,
en las húmedas grietas de las montañas,

Ellas son tus desdenes y tus rigores;
son tus pérfidas frases y tus desvíos;
son tus besos vibrantes y abrasadores
en pétalos tornados, negros y fríos.

Ellas son el recuerdo de aquellas horas
en que presa en mis brazos te adormecías,
mientras yo suspiraba por las auroras
de tus ojos… auroras que no eran mías.

Ellas son mis gemidos y mis reproches
ocultos en esta alma que ya no alegras;
son por eso tan negras como las noches
de los gélidos polos… mis flores negras.

Guarda, pues, este triste, débil manojo
que te ofrezco de aquellas flores sombrías;
Guárdalo; nada temas: es un despojo
del jardín de mis hondas melancolías.

Boda Negra

Oye la historia que contome un día
el viejo enterrador de la comarca:
era un amante a quien por suerte impía
su dulce bien le arrebató la parca.

Todas las noches iba al cementerio
a visitar la tumba de la hermosa;
la gente murmuraba con misterio:
es un muerto escapado de la fosa.

En una horrenda noche hizo pedazos
el mármol de la tumba abandonada,
cavó la tierra… y se llevó en los brazos
el rígido esqueleto de la amada.

Y allá en la oscura habitación sombría,
de un cirio fúnebre a la llama incierta,
dejó a su lado la osamenta fría
y celebró sus bodas con la muerta.

Ató con cintas los desnudos huesos,
el yerto cráneo coronó de flores,
la horrible boca le cubrió de besos
y le contó sonriendo sus amores.

Llevó a la novia al tálamo mullido,
se acostó junto a ella enamorado,
y para siempre se quedó dormido
al esqueleto rígido abrazado

Caos

No hay miedo en sombra para el hombre fuerte
que ve, sin pestañar, el precipicio;
que conoce las úlceras del vicio
y no tiembla jamás, ni ante la muerte.

Para el que al cabo de la vida, advierte
la sinrazón de todo sacrificio;
para el que nunca halló nada propicio
y fué siempre vejamen de la suerte.

Ah! qué puede temer el que por huellas
de los pies dejó sangre. El que, contrito,
pide alivio á sus múltiples querellas.

Y ve sólo, ante el eco de su grito,
la inmutabilidad de las estrellas….
en medio del sopor del infinito!

Ley implacable

¡Ay! cómo quieres que tu madre encuentre
en este mundo bienhechora calma,
si le desgarras, al nacer, el vientre,
y le desgarras, al morir, el alma?

Y esa madre infeliz, cómo á porfía
quiere darte, en el mundo, horas serenas,
si en la leche fetal con que te cría,
bebes tú….todo el sumo de sus penas!

¿Cómo quieres, mortal, q’ en la existencia
tu esposa guarde fiel sus atributos…
si tú mismo, al robarle la inocencia,
le enseñas el deleite de los brutos?

Hombre, eres pasto de un rencor violento:
al mal te empujan invisibles manos;
Vives, y te devora el sufrimiento;
Mueres, y te devoran los gusanos.

Todo nos llega tarde… ¡hasta la muerte!

Todo nos llega tarde… ¡hasta la muerte!
Nunca se satisface ni alcanza
la dulce posesión de una esperanza
cuando el deseo acósanos más fuerte.

Todo puede llegar: pero se advierte
que todo llega tarde: la bonanza,
después de la tragedia: la alabanza
cuando ya está la inspiración inerte.

La justicia nos muestra su balanza
cuando su siglos en la Historia vierte
el Tiempo mudo que en el orbe avanza;

Y la gloria, esa ninfa de la suerte,
solo en las sepulturas danza.
Todo nos llega tarde… ¡hasta la muerte!

!Oh, Poetas!

Nosotros los cansados de la vida,
los pálidos, los tristes,
los que vamos sin rumbo en el mar hondo
de la duda, entre escollos y entre sirtes;

Nosotros los ceñudos
náufragos, soñadores de imposibles;
los que damos en cláusulas candentes
el corazón, aunque sangriento, virgen;

Nosotros los cobardes
de esta contienda mundanal y horrible,
porque sentimos el dolor ajeno,
porque gemimos, ¡ay! por los que gimen;

Nosotros los que vamos
sin saber nuestro fin ni nuestro origen,
con los ojos clavados en la eterna
sombra, en busca de un astro que nos guíe;

Ya que no nos es dable
ver la virtud preponderante y libre;
pero sí el llanto y la miseria abajo,
y en la eminencia el deshonor y el crimen.

Ya que el siglo expirante
rueda a la noche lóbrega y sin límites
de la insondable eternidad cual monstruo
mudo y brutal como la esfinge;

Llevando en su carrera
la fe del corazón y las terribles
garras ensangrentadas,
como las garras con que apresa el buitre;

Ya que el talento es sombra
y luz el oro, con el cual consiguen
los perversos las honras, las conciencias
y hasta el azul donde el Señor sonríe;

Ya que la humanidad,
doliente, enferma, aunque solloce y vibre
como el mar en su lecho tenebroso,
del cielo ni una lágrima recibe;

Ya que la fuerza bruta
no pone ciega a sus desmanes dique,
y con fiereza y saña
echa el dogal y la garganta oprime,

dejemos las endechas
empalagosas, vana y sutiles:
No más flores, ni pájaros, ni estrellas…
es necesario que la estrofa grite.

Nuestra misión es santa:
no malgastemos en estrofas tímidas
la sacra inspiración que en nuestras frentes
arde con lampos de gloriosos fines.

Bajemos al abismo
del humano dolor: allí residen
áspides que se enroscan y gestean,
trasgos que se retuercen y maldicen.

Bajemos a ese infierno
poblado de sollozos donde viven
en espantoso maridaje, el hondo
grito blasfemo y la plegaria triste,

y enjuaguemos el llanto
de los eternos infelices
que ante el dolor sacuden los cabellos
como el corcel indómito las crines.

Quejémonos, hagamos
de los versos ariete irresistible
para romper el mal. Y altivos demos
aliento a la virtud, látigo al crimen.

Hagamos implacables y orgullosos,
si queremos ser grandes y ser libres,
un ramal de las cuerdas de la lira
para azotar con él a los serviles.

Que a nuestra voz desciendan
de lo alto, los míseros reptiles:
todos, todos los déspotas del mundo,
todos, todos los Judas y Caínes.

Y no temamos nada,
aunque nos escarnezcan y castiguen.
Odio al cuervo, al murciélago y al buho;
Loor al lirio, a la paloma, al cisne.

Hondo desprecio y pena
para los jueces que la ley infringen;
para el cadalso, horripilante pulpo
que hace de sangre y llanto sus festines.

Oremos ante el ara
de la suprema redención; y el liquen
de la maldad, prendido a las nacientes almas
despedacemos con furor de tigres.

Que nuestros rudos cantos
vengadores, valientes y terribles,
rompan todas las máscaras hipócritas
y castiguen el rostro de los viles.

Así cuando los hielos de la muerte
nuestras bocas y párpados enfríe,
oiremos el aplauso de los buenos
al rodar en la gran noche sublime.

Textos:

Notas biográficas de poetas de Colombia del siglo XX

Casa museo Julio Flórez

Antología de la poesía colombiana – Ajuste de Cuentas – HAT – 2014

¹Luis María Mora

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