Una tarde soleada

15591045_10154857822981170_5228536940429263032_o
Parcela Los Naranjos, vereda Los Pinos, municipio de San Vicente del Cagúan

Mis familiares no me dejaran mentir ya que aunque los hechos yo solo los viví en carne propia, el lugar, el contexto y las posibilidades ínfimas de que ocurrieran, eran posibles y aunque no es fácil encontrar algún testigo que evidencie estos hechos, estos ocurrieron.

1929853_13892351169_1949_n
Estudiantes de la Escuela El Triunfo del Centro Educativo San José de Caquetania 2005. DANE 218753002907

Durante el año del 2005 tuve la oportunidad de trabajar como docente rural en una de las escuelas más alejadas del municipio de San Vicente del Caguán, zona conocida por su fuerte control guerrillero, pero desconocida por ser una región indómita y de una belleza exuberante, donde los llanos del Yarí se funden con la selva amazónica allí en ese lugar aprendí que significa la belleza, lo infinito y lo sublime.

164837_482767986169_3511881_n
Paisaje de los llanos del Yari , Piedemonte amazónico 2005

Desde el pueblo de San Vicente a la vereda La Tunia llega la línea Cootrascaguán, dejándome a 2 horas en carro de mi destino sin posibilidad de movilizarme ya que en la zona no existían vehículos de civiles, yo que conocía otro tipo de campo no tan salvaje como el de aquella zona me movía con el consejo de los mayores y de mi familia que hacía poco había comprado una finca aledaña en la vereda el Camuya, ellos me recogían cada mes que salía al pueblo por mi sueldo, y también por un deseo incontrolable hacia el hielo, las gaseosas y el pan, cosas escasas cuando se está 7 horas del pueblo más cercano y de los servicios públicos.

Mi ruta en esos días era: desde San Vicente llegar a la vereda la Tunia, allí mis padres me recogían para llegar a la vereda el Camuya, y desde allí enprender mi viaje para movilizarme hacia mi trabajo en la vereda el Triunfo, mis papas me facilitaron un machito, un mular ya rucio (con canas) para viajar cada mes a visitarlos. Yo estaba encantado porque era un trayecto a caballo de 4 a 6 horas, y en el cual no me tocaba a pie, además evitaba esa larga soledad que dan los peligros de la zona, como los jaguares, serpientes, guerrilla, ejército, entre otros, así como los misterios de la manigua, la selva viva; era feliz.

Durante los primeros meses todo fue descubrimiento y admiración, sentía que era un personaje de las películas del oeste, sin más fin que de vivir la experiencia, nadie a mi alrededor en kilómetros, mi caballo (mular) y yo como un viejo sheriff, en un mundo de aventuras; si alguna vez sentí paz fue en esas tierras, un hombre libre entre el cielo y la tierra.

1929853_13892191169_636_n
Escuela Vereda El Triunfo 2005, aunque existía otra sede en mejores condiciones fue destruida por el ejercito durante la avanzada del Plan patriota con al sentencia que allí se educaban hijos de guerrilleros.

Poco a poco el vínculo entre mi caballo y yo se hacía más fuerte, cuando habían portones de alambre yo me bajaba del mular, el pasaba cautelosamente, caminaba unos pasos, se daba la vuelta y me esperaba con una cortesía de caballeros para mi hasta entonces desconocida. Él estaba feliz ya que dejo su trabajo duro en la finca donde estaba, para vivir ahora unas vacaciones a mi lado, yo trabajaba todos los días en una casita de tejas desbaratada como profe, mientras que el a sus anchas tenía todo el pasto del mundo y una joven yegua de compañera en su potrero. Cuando quería que lo bañara, aparecía cerca de mi ventana para saludarme, así teníamos un acuerdo de amigos, yo lo llamaba con maíz o plátano maduro en mi mano, y el venia corriendo feliz porque sabía que era tiempo viajar, tiempo de aventuras, lo enlazaba, lo ensillaba, y viajábamos, cuando llegábamos al destino lo bañaba y lo peinaba y le ofrecía como postre melaza con salvado de trigo.

10399314_18872756169_8435_n
Finca La Fé Vereda El Camuya  Caquetá 2004

En esa época no todo era perfecto: yo vivía entre los milicianos, los guerrilleros, el ejército y una sospecha de paramilitares en la zona, la tensión por la libertad de opinión, por la política y la vida, era muy  fuerte, además para ese tiempo tenia una relación joven, sin experiencia y caótica, que hacían que ciertos días, estas tardes intimas del viejo oeste se convirtieran en un afán desesperado llegar a mi casa para olvidarle del todo, y en esos momentos, presionaba al machito al máximo como tratando de escapar de esa tensión acumulada corriendo en el caballo, momentos corriendo, momentos al trote y momentos caminando.

10577167_10153870382676170_3886633377914165295_n

Quizás aquella tarde soleada, me pase con la mano que fustigaba al caballo con una ramita de guayabo, solo buscaba llegar y dejarlo todo para encontrar la tranquilidad en la soledad y la selva. Esa tarde como de costumbre llegue al broche de alambre me baje y paso el caballo y mientras trataba de cerrar el broche esta vez, mi caballo no se detuvo, siguió caminando con calma mientras se alejaba unos metros, él se detuvo y me espero… yo me sentí desconcertado. porque era la primera vez que mi caballo rompía el pacto de caballeros, lo mire como si le preguntara ¿Y bueno hermano que pasó? el me miraba con una tranquilidad desconcertante, en ese momento me di cuenta que lo que me esperaba era una cucharada de mi propia medicina, supe el plan de mi caballo que lo planeaba durante las 2 horas que lo llevaba corriendo: Hacerme pasar a mí por lo mismo, Así que arranque velozmente y sin pensarlo a tratar alcanzarlo, y en 2 segundos y en un brinquito dio media vuelta y corrió alejándose, yo luego de unas 4 cuadras de intentarlo, trote, camine y pare, derrotado y asustado porque mi caballo parecía tienda de gitano, llevaba colgado por todo lado mis necesidades de 1 mes: ropa limpia, desodorante, papel higiénico, cuchillas de afeitar, pan, y me atemorizaba la idea que un maestro durara 1 mes con la misma ropa y en un estado terrible de abandono, además en la zona donde estaba sabía que siguiendo el camino se llegaba a un cruce en una carretera que iba hacia el Brasil, hacia san Vicente del Caguán, hacia la vereda de la escuela y la ruta por donde íbamos, todos caminos viables para el caballo pero ninguno favorable para mi sin el, básicamente lo que antes era gloria y belleza ahora era el hombre contra la naturaleza, mi plan era de una estupidez sorprendente en primera medida alcanzar al caballo corriendo, trotando, caminando u hablando. Como ocurrían los hechos: yo corría, el corría, yo trotaba el trotaba, yo camina el caminaba, yo me detenía… el se detenía, me sentía increíblemente idiota, como siendo de la especie de quienes habíamos ido a la luna, era justamente castigado por una bestia que yo dominaba, (incluso sabía que de esos en Bogotá hacían salchichones), pero esa estrategia no sirvió. La psicología y una larga conversación diciéndole todas las bondades que el había ganado conmigo y que probablemente perdería si seguía en esa actitud, no funciono, tampoco la inamovible autoridad, ni las palabras de afecto, así que planee mi tercera estrategia: cazar al caballo a través de atajos.  Así que sabiendo de algunos, fui por él y el mientras yo me escondía y lo veía por la maleza notaba que él sabia de mi posición al mover sus orejas apuntándome, supe que tenía una oportunidad cunado movió sus orejas para todos lados sin punto de referencia, allí supe que era una sombra imperceptible. Estaba delante de él agazapado, el venía a unos dos metros cuando salí a su encuentro, el me vio, se asustó y yo vi mi victoria, corrí hacia él, el corrió a pasarme, lo alcance a tocar pero por un quiebre de cintura del animal este se zafo de los dos dedos que yo tenía cogidos en la silla, escapándose victoriosamente y dejándome a mi derrotado, lo único que pude hacer fue lanzarle mi poncho que lo golpeo en el costado ridículamente y luego pisoteo en su paso, el cual tuve que recoger y desempolvar para amarrármelo en la cabeza ya que eran las tortuosas 2 de la tarde en unos llanos infernales.

Derrotado, y sabiendo que el caballo podía hacer lo que quisiera, abandonarme, salirse de la carretera, volver a la finca, o reírse de mí, camine por la carretera sin esperanza, pero el caballo fue todo un caballero, aun estando unos 60 metros delante mío, camino a mi paso, el tiempo en ese momento lo contaba por las gotas de sudor que recorrían mi cuerpo, yo me detenía para tomar un poco de aire y vida, y mi caballo me esperaba, yo caminaba y el retornaba la marcha.

Así fue que durante unas largas 4 horas, camine aprendiendo la lección de humildad más grande de mi vida dada por un caballo, cuando estuvimos a unos 15 minutos de llegar a la escuela, me encontré con una de mis estudiantes, ella iba a caballo, le dije con el mayor desenfado que si me podía tener el caballo, ya que hacia un momentico me baje a orinar y el había tomado marcha, me miró con sospecha, al ver a su profesor empapado de sudor de la cabeza a los pies, y note que mi caballo no me miro por pena ajena y como quien trata de aguantar la risa evito mirarme mientras contaba mi historia.

Cuando subí a mi caballo por un segundo lo odie, pero ese sentimiento se esfumo al instante, porque me enseño algo fundamental: la humildad y lo que vale un pacto entre  amigos. Para concluir y no alargar más esta historia solo me queda contarles que a partir de ese momento, respete mucho más a mi caballo que a los hombres, no volví a utilizar la barita de guayaba, no volví a montarlo desbocadamente, y comprendí que en nuestros problemas nunca nadie debe pagar por ellos más que nosotros mismo ni siquiera aquellos seres que llamamos bestias. Y aunque no lo crean, un mes después  y luego de esa lección y recordando que entre nosotros existía un pacto de caballeros, no sin antes sentir un poco de miedo, volví a abrir el broce de alambre, lo  deje abierto para que mi caballo pasara, y solté la rienda, y que creen,,, el me espero a que cerrara el broche y lo montara, porque él ya sabía que me había amansado.

12509357_10153870382391170_8403695000688995621_n

Anuncios

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Anonimo dice:

    Es una historia que narra hechos vividos de un docente, de las muchas anécdotas que le sucedieron a su paso por aquellas tierras inhóspitas pero de una belleza inimaginable, pero que dejo una huella imborrable en su corazón, de amor y sacrificio por su labor de “MAESTRO”.

    Me gusta

Comenta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s