Dos luceros en el río

La vida de María  transcurría  como la de cualquier maestra que enseña en las veredas del Caquetá,  día a día se hacen largas jornadas de desplazamiento a sus respectivas escuelas, por senderos de herradura, cuyos caminos o trochas están llenos de lodazales y grandes desfiladeros como es el caso de la vereda donde esta docente trabajaba.

Esta historia comenzó  la noche  en que José su esposo tuvo un extraño sueño, pero en el no logro distinguir que era lo realmente le sucedía, aunque él presentía que tenía que ver con algo muy valioso.

100214155655_sp_diettescamisa_bbc_466

María trabajaba como docente en un resguardo indígena llamado Altamira, ubicado en la Inspección de Guacamayas, a seis horas de distancia de Puerto Amor, donde ella tenía una pequeña casita de madera en la cual pasaba algunos fines de semana, junto con su esposo y sus tres hijos, dos hermosas niñas y un niño, y aunque en realidad eran cuatro, el mayor estudiaba con los abuelos, pero cada uno de ellos eran su razón de vivir.

El camino para llegar a la escuela en el resguardo, estaba bordeado de grandes riscos, y peligrosos desfiladeros montañosos que en épocas de lluvia formaban inmensos  barrizales de una greda pegajosa, que se adhería  a las botas de caucho como garrapatas y que dificultaba  el andar, haciendo más pesado cada paso que se daba. El camino era atravesado por una quebrada que se curvaba cual Anaconda, formando siete pasos de gran riesgo en épocas de lluvias, pero obligatorios para llegar al lugar de trabajo.

María se desplazaba  todos los domingos hacia el resguardo a cuatro horas de camino, en compañía de tres de sus  hijitos, un varón y dos mujercitas los cuales tenían once, nueve y tres añitos respectivamente, desde su pequeña finquita que a punta de muchos sacrificios habían logrado conseguir para sembrar café.  Para que los niños no tuvieran que caminar tanto ella  había comprado una escuálida yegüita tan pequeña que escasamente cargaba a las niñas, ya que más parecía un pony que otra cosa.

Cada semana la maestra hacia el mismo recorrido y se regresaba el viernes en la tarde llegando a casa entre el claroscuro de las tardes, motivo por el cual su esposo salía a encontrarla para acompañarla en los pasos más difíciles o más hondos de la serpenteante quebrada, pues en épocas de lluvia se crecía inesperadamente y era muy peligroso el paso por allí.

3-diettes

Ese viernes como de costumbre, María se dirigía  hacia su casa como a eso de las cuatro de la tarde. Mientras tanto en su casa, su esposo que todos los fines de semana la salía a encontrar en los pasos malos de la quebrada, estaba tan ensimismado cogiendo café con Juan uno de sus hijos, el cual no había asistido a clases esa semana ya que estaban en plena cosecha de café y como no se conseguían  obreros,  prefirieron no mandarlo a clase por esos días, para que el joven ayudara a su padre en la cogida, porque de lo contrario el café se caería en perdida.

José salió de sus pensamientos al escuchar la voz de su hijo que le preguntaba – ¿Papá hoy no va a encontrar a mi mamá en la quebrada? José mirando su reloj le contesto – no, yo creo que ya pasaron, además ya son más de las cuatro y ella llega temprano hoy.

De regreso hacia su hogar  María venía muy entretenida hablando con sus pequeñas hijas, contándole cuentos que se inventaba y que ellas escuchaban embelesadas, ella a pie y las niñitas en su yegua.

IMG_44141

Ya habían pasado dos de los siete zigzagueantes pasos de la quebrada, cuando María decidió adentrarse por el monte que aunque era más larguito el trecho, por allí  evitaría  que el agua no entrara entre sus botas, pues esta ya  le llegaba a las rodillas. Cuando  paso al otro, y  después de cerciorarse de que el nivel del agua había subido más de lo normal, le grito a su hija mayorcita quien conducía la bestia – ¡Espérense un ratico porque parece que la quebrada se está creciendo!- la niña le contesto al otro lado – ¡Sí, se ve como peligroso! – pero en ese momento no se sabe porque motivo la yegua se lanzó a pasar la quebrada.

María que estaba al otro lado le grito – ¡Espérense! – ¡Espérense!  Pero con un nudo en la garganta y llena de horror observaba como la corriente que hacia un instante era solo un pequeña quebrada, se convirtió en un segundo en una horrible avalancha,  arrastrando sin piedad al indefenso animal y junto con él, a sus dos pequeñas hijas…ella gritaba desesperada… ¡Devuélvanse…devuélvanse…! pero todo era inútil…el rugido del agua evitaba que las niñas la escucharan…y ella seguía gritando desesperada, …No se suelten…no se suelten…pero sus gritos desgarradores ya no eran escuchados por sus hijas …  la corriente   arrastraba cada vez más lejos al pobre animalito donde iban agarradas las niñas …llena de dolor y desesperación María se lanzó al agua sin pensarlo… Pues a lo lejos observaba a su hija mayorcita que luchaba desesperadamente por mantenerse a flote, alcanzaba a ver su manita como se hundía y luego salía nuevamente…tratando de aferrarse a algo, o como si estuviera despidiéndose… pero la fuerza de la avalancha acabo por hacerla desaparecer, arrastrando todo lo que se atravesaba a su paso……a su  hijita menorcita, a la “luz de sus ojos” como cariñosamente ella la llamaba, desde el momento en que la embravecida avalancha  arrastro a la  yegua… no la volvió a ver más.

IMG_4452_pw

María trato de nadar algunos metros …pero piedras, palos, y la embravecida corriente, la arrastraron, hundiéndola a ella también… cuando al fin  logro aferrarse de algunas raíces  casi  sin aliento, solo alcanzo a ver un inmenso río enlodazado…pero de sus hijas no había ni rastro…con ojos desorbitados por el dolor y la desesperación comprendió que sus pequeñitas habían desaparecido…llena de angustia corrió por la orilla de la quebrada para buscarlas, con la esperanza de encontrarlas con vida aferradas a algún bejuco o rama, pero el espeso barro dejado por la corriente apenas le permitía moverse…y sus desgarradores gritos llamando a sus hijas, se confundían con el crujir de ramas y troncos arrastrados por la corriente, quienes parecían contestarle.

Lloro y lloro desconsoladamente hasta que de sus ojos no salieron más lagrimas…con el corazón desgarrado por el dolor de no encontrarlas comprendió que debía avisarle a su esposo para que le ayudara a buscar a sus hijas, pero cuando trato de pasar la quebrada nuevamente no pudo hacerlo, ya que cuando se lanzó al agua para salvar a sus hijas esta  la arrastro hasta la orilla opuesta, y llena de angustia  comprendió dolorosamente que tenía que esperar que la quebrada bajara el cauce para poder cruzar… lloro infinitamente…esperando allí sentada…sola… Sintiendo un dolor tan grande que la ahogaba.

Tuvo que esperar por largo tiempo,  y aún con el agua al cuello y  cogiéndose de cuanto palo encontraba, logro cruzar al otro lado para dar la terrible noticia a su esposo e hijo… Nuestras niñas se han ahogado…

Mientras tanto en su casa su esposo sintió un mal presentimiento, – Me voy a buscar a su mamá porque se está tardando demasiado y ya debería estar aquí – recorrió el camino que todos los fines de semana recorría, y a media hora de camino alcanzo a divisar a su esposa que como un fantasma daba un paso tras otro, sin coordinar sus movimientos… angustiado por no ver a las niñas le pregunto – ¿Dónde están las niñas? Ella sintió como si una daga le traspasara el corazón y con voz imperceptible contesto…- Las niñas se ahogaron…la quebrada se las trago… él aferrándola fuertemente por los hombros y estrujándola gritaba – ¿Qué está diciendo?… – ¿que está diciendo?…no…no eso no puede ser…noooooo…-  ¿Cómo que se ahogaron? – Si ni siquiera está lloviendo…- ella se aferró a  él fuertemente y repitió…- la quebrada se las llevo…se ahogaron…una avalancha se las llevo…

Rio Abajo #22El hombre salió corriendo casi sin tocar el piso… con un nudo en la garganta que lo ahogaba…corría sin parar, como si en su loca carrera lograra llegar a tiempo donde estuvieran ellas para lograr rescatarlas aún con vida… Tenía la remota esperanza  que  un milagro permitiera que sus niñas se hubieran aferrado a alguna rama y que él las encontrara con vida…aunque él no lo sabía, eran los mismos pensamientos y deseos que tuvo la madre cuando se lanzó al agua….

Su hijo Juan, que había salido tras de él sin que se percatara y que lo seguía como siempre a todas partes cundo estaban juntos,  al escuchar la noticia de la desaparición de sus hermanitas, salió corriendo tras su padre. Con los ojitos inundados en llanto ayudaba a su padre en la búsqueda, corriendo por la orilla aun cuando a esa hora ya había oscurecido casi completamente, con lo que la búsqueda era una agonía pues las ramas, piedras  y lodo dejados por la avalancha hacia casi imposible el caminar, se caían y se levantaban dando tumbos…gritando con desesperación los nombres de las pequeñas niñas…pues la quebrada para esta hora ya había bajado su caudal …solo unas aguas turbias y silenciosas se observaban, era como si la quebrada sintiera pena también por el dolor de aquella familia desmembrada inesperadamente por la fuerza de la naturaleza…

Como a eso de las seis de la tarde, cuando las penumbras empiezan a adueñarse lentamente  de la claridad del día, José  distinguió un pequeño bulto…semiundido en las oscuras aguas… con un nudo en la garganta corrió hacia él, se arrodillo en el fangoso suelo y con un grito que destrozaba el alma abrazo a su adorada nenita…la estrujaba entre sus brazos como queriendo devolverle la vida…la niña estaba allí, con su carita angelical completamente pálida y sus ojitos cerrados, parecía como si estuviera dormida, su  hermosa cabellera negra se había enredado en la horqueta de la rama de un árbol  manteniéndola allí, para que la brutal avalancha no la arrastrara más lejos de allí  he hiciera  su imposible  hallazgo.

María que con el alma hecha pedazos había seguido a su esposo y a su hijo, se arrodillo junto a su pequeña…la miraba con  ojos que partían el alma…parecía que con su mirada quisiera devolverle la vida…y los tres lloraron desconsolados aferrados a la pequeña y maltratada niña, como queriendo darle calor y revivirla…los minutos pasaron interminables …el dolor y la angustia era indescriptible…lentamente el padre se puso de pie y tomando a su pequeña entre sus brazos trato de sacarla del lodazal donde se encontraba, pero la corriente del rio Avance a donde las turbulentas aguas de la  quebrada había arrastrado el cuerpecito se lo impidió, era como si este rio tratara de reclamar para sí a la niña, la pequeña presa que cual serpiente traicionera  había atrapado entre sus fauces…el padre  luchó interminables minutos tratando de salir ayudado por su esposa y su pequeño hijo, pero finalmente tuvieron que desistir… depositaron   su pequeño cuerpecito  entre una gran mata de helecho, y dejándolo en compañía de  la madre y el pequeño hijo en  completa oscuridad… salió a buscar ayuda.

El padre corrió  para poder sacar a su pequeña de allí… avanzo   hasta el lugar donde se encontraba  la maltratada yegüita, que como si  se sintiera culpable no se había movido del lugar a donde había  escapado, monto al desvencijado animal y como si alguien lo persiguiera hacia correr al pobre animal en busca de ayuda…la yegüita como si comprendiera el dolor de su amo corría tan rápido como las piedras y el pegajoso barro se lo permitían … A eso de las ocho de la noche regreso el padre en compañía de vecinos y amigos para seguir buscando a la más  pequeñita de sus hijas que aún no aparecía, con desesperación la buscaban en medio de la espesa noche alumbrando con linternas, se distribuyeron en fila india para buscar centímetro a centímetro tratando de encontrarla…pero todo fue inútil…y como a eso de la una de la madrugada tuvieron que suspender la búsqueda y regresar con la niña encontrada hacia Puerto Amor.

A las cinco de la mañana cuando la luz del día ya permitía ver algo, una gran cantidad  de amigos empezaron de nuevo a buscar a la pequeña, la búsqueda estaba encabezada por el padre que aunque se encontraba destrozado por la pérdida de sus  pequeñas, trataba de encontrarla lo antes posible para que los animales o las turbulentas aguas del rio Caguán a donde finalmente seria arrastrado el frágil cuerpo, no lo desaparecieran para siempre…por lado y lado buscaron incansablemente hasta caer la noche…pero el pequeño cuerpo no apareció ese día…

La noche del sábado fue  interminable…el dolor y la desesperación se veía en los rostros de la atribulada familia…pasaron la noche en vela acompañando a su hija…sin importarles que llevaban dos noches sin dormir…en sus caras se reflejaba el cansancio y la angustia por la pérdida de sus hijas, y  la impotencia por no haber podido hallar el cuerpecito de la pequeña.

El domingo en la mañana los padres tuvieron que suspender la búsqueda, para hacer los preparativos del sepelio, pues el calor empezaba a hacer estragos en el cuerpo de la niña encontrada. Amigos y familiares muy temprano reanudaron la búsqueda, con la esperanza de  hallar la pequeña para darles cristiana sepultura, pues las niñas eran inseparables y se querían entrañablemente, motivo  por lo cual no querían enterrarlas por separado; pero las horas pasaban y la pequeñita no aparecía.

rioabajo3

 La pequeña no apareció el domingo, y ya en horas de la tarde se dio inicio al sepelio de la niña mayor, el féretro era llevado por algunos amigos y sus padres…quienes sentían  que en cada paso que daban hacia el cementerio, dejaban un pedazo de su corazón… infinidad de amigos y estudiantes abrazaban a aquella maestra, compartiendo con ella el inmenso dolor de perder su más preciado tesoro, sus “dos adorables niñas” el mismo día, en cumplimiento de su deber.

Cuando depositaron el cuerpo de la pequeña en la tumba, un pedazo  del corazón de aquella familia se quedó allí, lentamente el padre arrojo la primera palada de tierra sobre el ataúd, y con llanto en sus ojos se prometió a sí mismo encontrar a su pequeñita para que nunca más estuvieran separadas…María  lloraba inconsolable abrazando a sus dos hijos pues el niño mayor que estaba estudiando con los abuelos al enterarse de la noticia fue directamente con ellos, aun así el corazón de todos latía al mismo tiempo desesperado por la incertidumbre de no encontrar a la menor…a la “luz de sus ojos” como la llamaban cariñosamente.

Con el corazón desgarrado por el dolor y con los ojos hinchados  de tanto llorar, terminaron de enterrar a su pequeña y tan pronto termino el sepelio, José sin  dormir y sin probar  alimento,  salió en compañía de amigos y conocidos a buscar a su niñita nuevamente… la búsqueda se intensifico a orillas del rio avance, pues se presumía que las aguas habrían podido arrastrar el cuerpo hasta ese lugar, la buscaron toda la noche del domingo y todo el día lunes, ya  como a las seis de la tarde encontraron a su pequeñita como a seis horas del caserío Puerto Amor,  cerca de la vereda el Parque. Su pequeño cuerpo estaba hinchado… su carita irreconocible reflejaba una palidez espectral, su cuerpo tenía ya el perfume de la muerte, ese que indica la descomposición natural que sufren los cuerpos al ser consumidos por el paso del tiempo.

José  que estaba buscándola, al ser avisado por su hermano de que la niña había sido encontrada, se dirigió hacia el lugar y a verla se arrodillo junto a ella y sin importar el olor que desprendía ya su descompuesto cuerpecito, la apretó contra su pecho…sus gritos de dolor y desesperación rompían el aire…poco a poco el padre se fue calmando, aturdido por el cansancio y el dolor de la perdida de sus hijitas y acompañado de algunos amigos intentaron salir de  allí, pero  tuvieron que quedarse esa noche pues por la oscuridad , y por lo escabroso del camino no podían salir a esas horas…

A la mañana siguiente muy temprano se desplazaron con el cuerpo de la niña hacia el caserío de puerto Amor y un hermano de José se adelantó para dar aviso del hallazgo, para que vinieran a ayudar con el traslado de la niña hacia el caserío de Puerto Amor, donde había sido enterrada ya su hermana mayor.

Tan pronto llegaron al caserío se realizó el sepelio…la enterraron junto a la tumba de su hermana… uno a uno fueron abandonando el cementerio los amigos y al atardecer solo estaban sus padres y los dos niños, quienes permanecieron allí como estatuas protectoras…finalmente ellos también regresaron a su humilde rancho…

Pasaron muchos días, María estaba terminando la Normal Superior porque anhelaba prepararse mejor para ser maestra…a pesar del dolor que le desgarraba el alma y aconsejada por sus compañeras de estudio, trato de centrarse en el estudio para no dejarse llevar por la locura y la tristeza de la pérdida, el segundo fin de semana se fue hacia San Vicente, para recibir las clases semipresenciales de cada quince días, su esposo se quedó en Puerto Amor en compañía de un hermano y sus dos hijos.

José estaba desesperado por la pérdida de sus dos pequeñas, y aunque la compañía de su hermano y sus hijos mitigaban un poco su dolor, esto no era suficiente para no sufrir, cada día se notaba más su desesperación y sufrimiento, al punto en que todas las noches, se desplazaba hacia el cementerio y abrazado a las tumbas de sus hijas, lloraba desesperadamente hasta que el sueño y el cansancio lo vencían. El dolor y desesperación se lo tragaban, se estaba volviendo como loco, culpaba a su esposa por la pérdida…

Una noche sin luna, una de tantas de dolor, se fue muy tarde hacia el cementerio a llorar sobre la tumba de sus niñas…su hermano que dormía en la habitación contigua lo sintió salir y se sentó al borde de la cama apesadumbrado por el dolor de su hermano, se quedó mirando hacia la puerta en la oscuridad, mirando sin ver absolutamente nada…la habitación era la que  en vida de sus sobrinitas les perteneciera a ellas, Javier que así se llamaba el hermano de José, tenía entre sus manos un celular  con cámara, de pronto sin saber porque motivo, tomando el celular lo enfoco hacia donde presumía quedaba la puerta y tomo una foto…cuál no sería su sorpresa cuando al observar el celular  en medio de la  gran oscuridad, aparecía allí una inmensa luz de Ángel sin rostro… Javier lleno de asombro e incredulidad salió corriendo hacia el cementerio, Hacia donde se hallaba su hermano llorando… ¡José! …¡José! – Gritaba Javier –pero él no lo  escuchaba sumido en su abrazo lúgubre… ¡José! …dijo Javier sacudiéndolo por los hombros…mire…mire…y le mostraba la foto.  Él la tomo entre sus manos y al observarla detenidamente con los ojos llenos de lágrimas se hincó de rodillas para dar gracias a Dios…comprendió que sus pequeñas niñas ya eran parte de algo más grande, que estaban en el Cielo, y que cuidarían siempre de ellos… el dolor y el sufrimiento  no desapareció de repente,  pero  se fue mitigando poco a poco,  como cuando uno se quita una pesada capa de encima…

Esa misma noche José llamo a su esposa y le conto lo que había sucedido, ella se regresó en el primer carro que pasaba por allí en la madrugada, pero cuando llego a su casa ya no existía  la foto, Javier recordó que antes de dormirse escucho sonar el celular, pero aunque le pareció extraño no lo toco, a pesar de que María no pudo ver la foto, con que su esposo la viera fue suficiente para comprender que sus niñas encontraron el camino de sus oraciones, ellas serian para siempre… “La luz de sus ojos en el cielo”

100214155702_sp_diettesvestidonina_bbc_2

En honor a la familia de María y José que por respeto al dolor de la perdida de sus dos hijas cambio sus nombres para contar esta historia.

Flor Elisa Rodríguez Silva

Magister en Gestión de la Tecnología Educativa

Especialista en Administración de la Informática Educativa

Licenciada en lengua Castellana y Literatura

Normalista superior con Énfasis en Lengua Castellana y Literatura

Docente de la Institución Educativa Rural  Arenoso, San Vicente del Caguán – Caquetá

Imagenes interiores Erika Diettes Rio abajo

Anuncios

Comenta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s