Innovación pedagógica como estética de la existencia

Ese problema, ese tema de las relaciones entre el decir veraz y la existencia bella e incluso, en una palabra, el problema de la “verdadera vida”, exigiría, como es evidente, toda una serie de estudios. Pero -perdón por quejarme una vez más- es obvio que son cosas que todavía no he analizado, y que sería interesante estudiar en grupo, en un seminario, y, poder discutirlas. No, actualmente no estoy en condiciones -quizá suceda algún día, quizá no suceda nunca- de dictarles un curso en debida forma sobre el tema de la verdadera vida. Querría simplemente darles algunos esbozos y algunos lineamientos. Si entre ustedes hay quienes se interesan en este problema, pues bien, estúdienlo con más detenimiento. (Foucault, 2010, p. 175)

Resumen

La presente reflexión, entiende la innovación como transformación del ethos del docente desde la esfera de una política del cuerpo. Es por el cuerpo por donde cruzan los saberes y las prácticas que constituyen el Ser del docente, por tanto, será en éste dónde se ha de llevar a cabo la batalla por visibilizar y confrontar lo impuesto. La propuesta de Michel Foucault de hacer de la vida una obra de arte, interviniendo estéticamente la existencia, guía conceptualmente esta apuesta de libertad escolar.

Palabras clave

Estética de la existencia, innovación, escuela, maestro.

 

Cierras la puerta, organizas el grupo, esperas a que hagan silencio, llamas a lista, propones un tema previamente expuesto en la planeación entregada a coordinación académica, llamas la atención a los que no se esfuerzan, más que un asunto de reto a tu autoridad, te duele que la ignorancia los condene a ensanchar el abismo de la pobreza, ¡lo conoces bien! la educación te sacó de éste, evalúas. Vuelve a sonar el timbre, borras el tablero, sales apresurado a otra aula, repites el mismo protocolo. En las reuniones con tus compañeros te quejas que tus estudiantes no se concientizan, sabes que el examen de Estado determina la vida y aquellos frente a ti, son como tú, sueñan con ofrecerle a sus hijos una vida diferente a la que se tuvo. Sin embargo, aún no lo saben, solo lo entenderán hasta que los tengan.

En los descansos, calmas la angustia con un café insípido de greca, te disgusta un montón, no entiendes porque lo sigues bebiendo, anhelas comprar uno de máquina o prepararlo personalmente, casi puedes saborearlo: sin dulce, bien cargado, con clavos y canela, pero será hasta llegar a casa, dónde intentarás dejar las situaciones escolares que te perturban atrás para tener una vida normal. Debes romperte en dos para llegar a viejo.

Te fastidia que los expertos universitarios citen hasta el cansancio a un autor francés llamado Michel Foucault siempre que quieren matar tus ilusiones de la educación como libertad. Buscas en la red su libro más citado sobre la escuela, aparece frente a ti Vigiliar y Castigar (2002), lo descargas, aunque presenta un lenguaje técnico, un tanto tedioso, no puedes parar de leer. Descubres que eres parte del andamiaje que sujeta a las futuras generaciones a repetir la desigualdad. Te sientes miserable, el texto te muestra como un guardián del orden establecido, no solo por negar la diferencia y castigar las dispersiones conductuales, sino por unidireccionar el pensamiento. Te preguntas a cuantos estudiantes les ampliaste el prontuario escribiendo en el observador, los remitiste a orientación para su reincorporación terapéutica o los llevaste a la coordinación a la espera de una sanción por no encajar en el sistema que está bajo tu custodia. Te resistes a aceptar la etiqueta de carcelero. El cansancio te vence, duermes un rato para despejar la mente.

Sueñas con un mundo mejor, más equitativo, dónde todos tus estudiantes puedan acceder a la universidad. Imaginas formas diferentes de enseñanza, en el insomnio de la madrugada, a la espera que suene el despertador, te decides a innovar. Cumplirás lo propuesto en tu plan de asignatura con estrategias novedosas. Serás un gran docente. Abres los ojos, habitas la caverna que el filósofo Platón describe en su texto La república, estás encadenado frente a la pizarra viendo sombras que son el correlato de discursos de saber y poder impuestos por un programa computacional que mantiene las conciencias sumisas. Te sueltas, sales del recinto, el sol te enceguece, ves el mundo de manera diferente. Eres un engañador engañado, un profeta de un mundo feliz que solo existe en la virtualidad. Miras hacia atrás, todos están conectados a la Matrix, y tú, por primera vez, ves a los ojos al titiritero: el neoliberalismo, última mutación con la que el capitalismo ha logrado la hegemonía. Te dices, ¿mierda, me he convertido en comunista? No, sabes que cambiar el mundo implica más que tomar conciencia y sustituir a los ostentadores del poder. De nada sirve que rompan las cadenas, si por dentro se anhela retornar al estado de subordinación.

Piensas en renunciar, en dejar de ser cómplice. No sabes hacer otra cosa, no quieres hacer otra, eres maestro, prefieres morir en la escuela. Al igual que a Sócrates, los dioses te impusieron la enseñanza como vocación, te quedas a luchar. ¿Qué hacer? En la literatura pedagógica se habla de preparar a los estudiantes para ser emprendedores, de desarrollar competencias, de disciplina. Lo has escuchado y repetido mil veces convencido que así son y así deben ser las cosas, pero ya no te sientes cómodo, algo te inquieta.

Dudas al actuar, ya no sabes qué decir frente a tus estudiantes, no estás seguro que lo que piensas y haces se lo correcto. Te metes dentro de ti, vuelves a leer a Foucault, si su teoría te introdujo en este problema, también debe ofrecer una solución. No puede sencillamente destruir tu anhelo de libertad y dejarte en el vacío. ¡No es justo!  Sabes lo que necesitas, un lugar epistémico desde dónde pararte, tierra firme para sentar las bases, un horizonte de acción que te mantenga alerta para no volver a ser absorbido por la Matrix.  Es muy fácil convertirse en el agente Smith.

Has escuchado que un sabio profesor ha hecho de Foucault su obsesión, todos lo nombran. Te decides a hablar con él, quizás te ofrezca alguna alternativa. Debes recorrer un largo camino antes de tenerlo cara a cara. La vida te da una oportunidad. A modo de ráfaga sacas rápido toda tu angustia, al final, sonríe y te pregunta, ¿Has cuidado de ti? Te abraza y se despide sin decir más. En la noche, recuerdas que leíste sobre ello, el despiadado Foucault lo nombró en algún lado, de un salto estás frente al computador, clic tras clic aparece nueva información. Tomas una decisión, vas al Centro y compras el texto más citado en los enlaces: La hermenéutica del sujeto (2006).

Qué extraño Foucault es éste que ahonda en el mundo Grecorromano para señalar otro camino al de la esclavitud de la subjetividad que describió en detalle en Vigilar y castigar, parece que el testarudo filósofo algunos años más tarde encontró una salida. Descubres que El cuidado de si es una práctica de libertad (1999). Te convence la argumentación, si, educarás para que tus estudiantes cuiden de sí.

Qué problema en el que te has metido, vas a enseñar algo que no conoces. Recuerdas las palabras del sabio, ¿has cuidado de ti? No, pero lo harás. Aprenderás a cuidar de ti. Acudes a clases, lees textos, interrogas, te desesperas, poco a poco entiendes que cuidar de si implica que alguien te guíe, un maestro que con su hablar franco, con su modo de vida, con la coherencia entre el decir y el hacer, eso que los griegos llaman ethos: evidencie haberlo logrado, y que la libertad se materializa en el pacto tácito en el cual aceptas para aprender a cuidar de ti ser conducido, y tu maestro acepta responsabilizarse de ti, luchando contra sí mismo por no someterte, para no instrumentalizarte y hacer de ti una oveja que siempre necesitará a su pastor.

Sabes que el sabio es tu maestro, conoce eso que ansías poseer, vive en el mundo de significado que anhelas, lo admiras. Al principio te asusta pensar que quieres ser él, pronto desaparece la siniestra idea, no, no quieres ser él, lo que aspiras es ser como él. Descubres que la enseñanza no es un asunto de simple transmisión de contenidos, en el camino el discípulo hereda los amigos y enemigos teóricos de su maestro. Aprendiste a interpretar el mundo con sus ojos y a combatir con sus armas conceptuales. Te vuelves su aliado, un soldado hoplita con el que combate hombro a hombro, él debe confiar que tú lo defenderás bien con el escudo y la espada que te enseño a maniobrar.  Al final, luego de una de tantas batallas, el maestro mira al lado y se ve a sí mismo en ti. La orientación ha terminado.

Vuelves a la escuela, tu aula deja de ser un laboratorio y se transforma en un taller de arte donde la materia a moldear no es la mente de los estudiantes, sino tu propia vida. Cada golpe del martillo que pregunta sobre el cómo actuar, de qué hacer con la información que circula, lo recibe tu cuerpo al desnudo, que enseña las cicatrices de arrancar las marcas de la falsa neutralidad del conocimiento. Muestras lo que es cuidar de si a tus estudiantes con tu vida: cada acción, cada palabra, es testimonio de una hermosa existencia, la vida de un ser de carne y hueso que enamorado del conocimiento lo postula como carencia para que éste no lo abandone. Dispones tus clases como investigaciones de problematizaciones que golpean tu corazón. Aprender duele.

Te das cuenta que la mejor innovación eres tú mismo, cuando haces de la labor pedagógica una experiencia que fractura las verdades instituidas. Tu arte deja de ser representación, no pretendes capturar la realidad, ni dar un lugar en el cuadro del mercado a tus estudiantes. Tejes, dibujas, moldeas, fundes en ti la esperanza de un mundo otro, siendo un maestro otro.

Andrés Santiago Beltrán Castellanos. Docente del Colegio IED Las Américas de la Secretaría de Educación de Bogotá. Candidato a Doctor en Filosofía Universidad Santo Tomás. Líder del Nodo de Pensamiento Pedagógico Contemporáneo de la Red Distrital de Docentes Investigadores. santiagobeltran23@gmail.com

Ara Beltrán Castellanos. Docente del Colegio IED Francisco de Miranda de la Secretaría de Educación de Bogotá. Magíster en Estética e Historia del Arte Universidad Jorge Tadeo Lozano. Publica regularmente en La Libreta de Bocetos arangel_1980@hotmail.com

Bibliografía

Foucault, M. (1999). La ética del cuidado de si como práctica de la libertad” en Estética, ética y hermenéutica. Obras esenciales, volumen III. Barcelona. Paidós.

Foucault, M. (2002). Vigilar y Castigar. Argentina: Siglo XXI

Foucault, M. (2006). La hermenéutica del sujeto. México: Fondo de Cultura Económica.

Foucault, M. (2010). El coraje de la verdad: el gobierno de sí y de los otros II. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Este artículo se publica gracias a la alianza de contenidos de Blog libreta de bocetos y Editorial Magisterio

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