Los códigos del cuerpo en territorio ancestral mhuysqa

Resumen

La presente reflexión emerge de contemplar las formas en que las estéticas ancestrales son retomadas como objetos de comercio, souvenirs del turismo y espectáculos de folclor. Tal dinamismo es útil para artistas, empresas que promueven la urbe como turisteable, así como para las propias personas y grupos que se reivindican como pertenecientes a un legado común originario. En este contexto son identificables las ambigüedades que pueden ocurrir durante emprendimientos escolares, artísticos y comunitarios, si la diversidad cultural es acatada como herramienta proclive al universalismo. El texto llama la atención sobre la nueva emergencia de nuestras matrices culturales y sus posibles contextualizaciones educativas. Es un convite para tejer desde la educación artística, proyectos propios para la circulación contemporánea de nuestras herencias en continuación y cambio.

Palabras clave: ancestrales, artes, pedagogías, corporalidades, MuisKanoba

 

Urbe contemporánea y migraciones ancestrales

Cuando familias, personas y grupos procedentes de diversas regiones de Colombia llegan por primera vez a Bogotá, reconocen en sus estructuras de cemento y grandes edificaciones, las diferencias con la geografía de sus territorios. Los edificios tal vez evocan montañas como referente asociado a un pasado inmediato de vida rural. Lo propio acontece con quienes provienen de otras ciudades; los contrastes son innegables en arquitectura, pero también respecto al largo trayecto histórico de la urbe capitalina. El territorio muisca donde esta edificada la ciudad, ha estado poblado desde hace más de 12 mil años por mhuysqas: las personas originarias del altiplano cundiboyacense.

Las gentes MHUYSQA tejieron sus culturas e idiomas a través de las relaciones espaciales y temporales con su entorno. Su concepción de la realidad les hizo conformar una organización social, cultural y económica reconocida y aprovechada por la empresa invasora que llegó de Europa. Fue sobre dichas estructuras que se erigieron las primeras formas de esclavitud colonial, de la misma forma como sobre las rocas de los sitios ceremoniales se erigieron capillas cristianas. Chavacuana (hoy llamado cerro de Monserrate) y Guaría (hoy conocido cerro de Guadalupe) son ejemplos de la superposición de rituales católicos, sobre las ceremonias de pagamentos a las montañas y a las deidades que allí habitan. Gran parte de los legados mhuysqa perviven como actos cotidianos entre la población bogotana, pero también dentro de comunidades que han vuelto a reconocerse como sus herederas. Conservan algunas prácticas que les diferencian de las demás personas que habitamos la urbe, pese a que también nos debemos a unas ancestralidades que nos hacen comunes.

Actualmente Santayá -el territorio ancestral mhuysqa en idioma uwa- presenta un crecimiento exponencial de su población, debido a los procesos de migración, desplazamiento y elección de distintas familias y personas. Santayá ofrece a quienes llegan, un encuentro con la raíz de su raíz, una matriz migrante, de movimientos, de desplazamientos antiguos. Los contrastes afloran con el contacto físico, espiritual y cultural que ofrece el corazón urbano de una de las civilizaciones más antiguas de la humanidad. Una civilización que anduvo a lo largo y ancho de la cordillera de los andes, cuya  cosmovisión de vida se basó en el contacto con la naturaleza y con el cosmos. Pero la urbe de hoy se sugiere insegura, caótica, indescifrable; imposible de abordar de forma sencilla para quienes han pretendido describirla.

Las expresiones artísticas han intentado plasmar las imágenes del dinamismo urbano desde tiempos antiguos, que hoy han encontrado un oasis en formas que se han identificado como interculturales. Sin embargo se trata de una interculturalidad conjeturada, distinta a la cotidiana, donde las artes han entrado a conjugar evocaciones étnicas carentes de contexto. Los imaginarios atados al fenómeno urbano se exacerban a expensas de la última “pinta de yagé”, o de las manillas que tejen las mujeres emberá que amamantan sus babies en las aceras capitalinas. Las artes de estos tiempos emergen desde la artesanía migrante, pretendiendo crear mundos paralelos y ajenos a la experiencia propia de los contextos. ¿Qué puede aportar la educación en artes para estudiantes que viven cotidianamente los procesos urbanos, pero que también contemplan la exacerbada “creatividad posmoderna” que las artes de vanguardia contextualizan a partir de la moda étnica?

Símbolos de vanguardia que se petrifican en el museo

La superposición de prácticas materiales y simbólicas en las urbes a partir de las expresiones artísticas, fueron analizadas durante la década de 1990 como hibridación cultural. Este concepto abordó los procesos de globalización y regionalización que venían sucediéndose desde mediados del siglo XX. La temática de las migraciones emergió como un asunto inherente a las urbes, fungiendo como contextos para las transformaciones e intercambios en la modernidad. Las metodologías sobre las cuestiones urbanas se diversificaron, pero al estandarizarse resultaron orientadas hacia la estatificación de imágenes o metáforas. Las artes se perfilaron en consecuencia, negando las tradiciones y los territorios que se viven. Este impulso se expresó en los museos que buscan nuevo público en las experiencias itinerantes, y en artistas que buscan espacios urbanos no connotados culturalmente, produciendo proyectos fuera de sus países y descontextualizando los objetos y las prácticas.

El arte posmoderno persiste sin la pretensión de ofrecer algo innovador, incorporando el pasado pero de un modo prevenido de lo que llaman convencionalismos. Tales experimentaciones engendraron renovaciones en el lenguaje, el diseño, las formas de urbanidad y las prácticas juveniles. En todo aquello ha jugado papel trascendente la posibilidad actual de movilización de las expresiones étnicas. Pero el destino principal de los gestos heroicos de las vanguardias y de los ritos desencantados de los posmodernos ha sido la ritualización de los museos y del mercado. Las utopías de la modernidad, que buscaron expandir y democratizar las grandes creaciones culturales, valoradas como propiedad común de la humanidad, pasan a ser, en el sentido más inocente, piezas transculturales de museo.

La educación en artes tiene una doble tarea dentro de la gran urbe mhuysca. Por una parte le asiste contribuir en forma protagónica en la desmitificación de las vanguardias, que a su acomodo se endilgan el papel de crear identidades transitorias. Misión que es inherente a la segunda tarea: ubicar desde la pedagogía nuestro lugar en aquella gran historia civilizatoria mhuysca. De allí resultan las paradojas de acción, respecto de las múltiples formas de in-corporar este largo proceso que nos ha sido negado como hijas e hijos de Abya Yala[1].

Uwakakuika: Los códigos lingüísticos del cuerpo

La expresión uwakakuika está conformada por dos palabras del idioma u’wa, pueblo habitante de la región nor-occidental de Colombia, descendiente del tronco lingüístico chibcha. Uwaka denota el habla de la gente; kuika significa cuerpo humano. Es así como obtenemos un neologismo que literalmente traduciría: el lenguaje del cuerpo de la gente. En tal perspectiva hemos adelantado actividades en territorio muisca de Suacha y Bosa, con algunas de sus comunidades educativas actuales. Ello ha consistido en la con-jugación de estéticas corporales que se practican en juegos como el zepcuagoscua –conocido popularmente como turmequé o tejo-, danzas como el surrungosungo –propia del altiplano cundiboyacense-  y rituales como el seinijsuca –ceremonia de correr la tierra-. Estos, en interacción con los lenguajes ancestrales de los pictogramas, enriquecen nuestro mapa de con-juegos. Así venimos construyendo experiencias interactivas entre prácticas artísticas que son revitalizadas dentro de una comunidad educativa, en tanto se pueden expresar como códigos de con-jugación que hemos sostenido a través de varias generaciones, habitantes en este caso de la hoy conurbada Bacatá –la ciudad de Bogotá expresada en clave mhuysqa-.

Abya-Yala es un laboratorio de visibilización respecto de las adaptaciones que han tenido los pueblos y personas para interactuar en un contexto colonizado, muchas veces hostil, pero abundante en expresiones diversas. Esta convivencia de concepciones de mundo puede leerse como una semiosis heredada de historias y cotidianidades. En este sentido, es necesario el abordaje de las historias que se tejen a diario, como fuentes de múltiples perspectivas de mundo. Esta es la fluctuación con la cual contamos cotidianamente al presentarnos frente a otras personas, grupos o instituciones. Nos hallamos constantemente en fronteras cuyos intersticios nos configuran también; desempeñamos oficios, misiones, actitudes y aptitudes muy de acuerdo a los entornos donde tenemos injerencias.

El análisis de estas dinámicas recae sobre los territorios en donde tienen lugar las movilidades; un tema de itinerancias territoriales como un ritual de continuidades que siguen pasos antiguos transformándose en el ahora. Este elemento conceptual confirma que la vida de una persona no inicia con su nacimiento, sino que es una continuidad ancestral. Continuamos los senderos vitales legados en las huellas visibles: las producciones, artes, letras y obras. Pero también las huellas invisibles: las matrices que nos permitieron seguir existiendo.

Incorporar nuestro proceso civilizatorio e incorporarnos a las historias ancestrales.

La re-invención de nuevas-antiguas estéticas en los tiempos actuales ha acudido generalmente a formatos de espectáculo; es decir, la posibilidad de hacerlos ver por un público. Pero la re-creación actual de prácticas ancestrales también obedece a cierto espíritu emancipador en el mundo. Por ejemplo en prácticas como la capoeira, la circulación de la cultura hip-hop o los actuales deportes urbanos y nuevas tendencias corporales. La co-existencia de historias territoriales, personales, profesionales, académicas y ancestrales conforman un tejido de complejidades por las que circulamos actualmente. De esta forma nos hallamos en escuelas y comunidades que encuentran en sus herencias las innovaciones de estos tiempos, pero que también encuentran en los tiempos cotidianos, las soluciones a problemas recurrentes. Los saberes ancestrales en las comunidades educativas pueden hoy fungir como aporte a la generación de nuevos-antiguos conocimientos. Su desarrollo invita a repensar los procesos de la globalización, identificando sus coyunturas y diseñando múltiples posibilidades para interpelar las emergencias que nos asisten.

[1] Nombre del continente americano que reivindican los movimientos indígenas en tiempos actuales, a partir de la denominación que desde el idioma kuna adoptaron para emprender las luchas por recuperar las tierras y recomponer las formas organizativas propias de cada territorio.

Jairzinho Francisco Panqueba Cifuentes[1]

[1] PhD (C) Estudios Mesoamericanos, UNAM, México. Dr. Ciencias Sociales especialidad Antropología Social, CIESAS, México. Docente Colegio San Bernardino (IED), Territorio Muisca de Bosa, Bogotá. Catedrático Universidad Nacional Abierta y a Distancia, UNAD, Colombia. El autor agradece a la comunidad intercultural MuisKanoba del colegio Santa Ana de Suacha como co-autora de las cotidianidades que transformamos en minga. Las imágenes en texto fueron cedidas con fines pedagógicos por Freddy Pareja Pesca, rector de la institución

Este artículo se publica gracias a la alianza de contenidos de Blog libreta de bocetos y Editorial Magisterio

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