La danza folklórica y sus construcciones esenciales

Palabras Claves: Danza folklórica, práctica pedagógica, praxis, contexto,  horizonte de sentido.

La clase de danza…

Empieza el año escolar y el profesor de danza se llena de elementos para iniciar los procesos de clase.  El Equipo de sonido, la grabadora con CD, MP3 o USB son los recursos de reproducción de música más utilizados.   En el marco tecnológico actual, una la aplicación en el celular con una playlist acondicionada y un parlante con Bluetooth, puede ser la herramienta sonora a utilizar.  Sumado a esto, los apuntes para la clase, la ropa de trabajo y la disposición completa para iniciar la tarea corporal que los estudiantes esperan.   En cuanto al espacio físico; un salón en lo posible sin pupitres con un área suficiente para que los estudiantes se desplacen y bailen. Un lugar muchas veces canjeable por las canchas, algún hall, restaurante o salón de audiovisuales libre en el colegio, el cual brinde las condiciones para esa experiencia corporal que inicia.

La clase de danza se convierte en el lugar significativo donde se baila, se goza y se aprende. De esta manera, la relación intrínseca entre el movimiento, el cuerpo, el ritmo y la construcción de conocimiento se hacen evidentes. El estudiante explora, descubre, se reconoce y se piensa.

El educando en la clase tiene la posibilidad de salir del pupitre y transitar por el espacio con menos restricciones. Empieza a preguntarse desde y para su cuerpo, solucionando situaciones. Se enfrenta a los desplazamientos, a la metáfora, a la situación de representación, a los diferentes ritmos, a la coordinación, al otro como pareja y a sus inseguridades como ser expresivo y corpóreo.

Este espacio académico entonces, se motivan procesos socio-motrices-afectivos y sensibles. Allí, se fortalecen las condiciones físico-rítmicas, las cualidades de movimiento, la apreciación estética y las competencias comunicativas.

De esta manera, la clase de danza se instala como una práctica pedagógica que articula la dimensión corporal, cognitiva, emocional, cultural y social del estudiante.  Una asignatura fundamental y pertinente para los procesos educativos actuales, que desde la educación artística enriquecen las perspectivas y prospectivas de vida.

Eso que llaman danza folklórica…

La asignatura de danza, brinda sin duda experiencias fundamentales para el estudiante. Dentro de esas dinámicas es importante mencionar, los contenidos de danza que se enfocan en el reconocimiento de la memoria histórica, la tradición coreográfica, la experiencia corporal contextual y la exploración de la cultura popular tradicional Colombiana. Hablemos entonces de danza folklórica.

La danza folklórica como campo de conocimiento, propone temas importantes que se movilizan en el aula. Esto se ve reflejado en los escenarios educativos.

La cumbia, el bambuco, el torbellino, el joropo y el mapalé, son algunas de las danzas más populares en las izadas de bandera, día del idioma, clausuras o día de la raza en varios colegios.  Estos montajes, generalmente surgen al interior de la clase.

Es importante pensar, que la danza presentada es el producto final de un proceso. Un proceso donde el profesor debería transitar por el conocimiento, el análisis, la transposición y finalmente la creación coreográfica. Tránsito que se constituye solo de manera significativa desde una progresión de contenidos para el estudiante.  Estamos hablando de un proceso cognitivo, simbólico y experiencial complejo, que significa el reconocimiento de una identidad cultural- corporal- contextual. De esta manera, lo que se ve en el escenario es producto de una cantidad de elementos en relación.

La clase de danza entonces, tiene un horizonte de sentido más allá de una puesta en escena como producto encargo para la celebración en una institución educativa, como muchas veces pasa.  La danza folklórica es experiencia significativa.

A partir de esto, surgen varias preguntas: ¿Cómo se están generando las clases de danza folklórica?. Es más…, ¿Qué es la danza folklórica para los profesores y las instituciones?.

Después de preguntarle a varios docentes de danza, se evidencia que el concepto es ambiguo. Es probable que los marcos teóricos que apoyan varias prácticas pedagógicas en danza folklórica, deban fortalecerse. Los discursos enunciados, se sustentan en autores, referencias y argumentos que no han sido analizados a profundidad por el profesor.

Hay cartillas, compendios, libros, textos guías y referentes audiovisuales, que entregan trazas e insumos para los procesos de clase. Sin embargo, estos deben de pasar por un filtro fundamental, en donde la construcción de conocimiento alrededor de la danza folklórica sea pertinente y dialógica metodológicamente con el contexto y  la praxis de los estudiantes.

Entrando un poco en el concepto, los docentes mencionan que hablar de danza folklórica es entrar en la dimensión del folklore. Folklore, derivado de las palabras anglosajonas folk (pueblo) y lore (saber). Este nace como noción con William J. Thomas en el ámbito de los estudiosos y aficionados a las “antigüedades” en 1846.  Etimológicamente significa entonces: “saber del pueblo”.  Atendiendo a esto; la mayoría de referentes manejados por los docentes, disponen que la danza folklórica es ese saber dancístico del pueblo que a sido transmitido en el transcurso de la historia hasta ahora.

Es importante decir, que las nociones de folklore y de danza folklórica mantienen un gran andamiaje en la actualidad.  Las conceptualizaciones se han ampliado, se ha deconstruido y se han retroalimentado. El folklore ahora, no hace referencia solo al “pueblo” o a lo campesino, como si ese saber fuera algo extrínseco a lo urbano.  En la misma línea, la danza folklórica en este momento, no solo hace referencia a las danzas del “saber” “tradicional” de ese pueblo distante. También acoge, construcciones danzarías que desde la tradición folklórica se nutren y reestructuran de acuerdo a una necesidad escénica. También se enuncia desde las danzas de autor. Estructuras coreográficas desarrolladas por creadores reconocidos, los cuales instalan sus creaciones como canon en la tradición coreográfica de Colombia. Un ejemplo de esto: Jacinto Jaramillo y su creación del bambuco de 8 pasos, y Delía Zapata Olivella y su creación del bullerengue femenino de vestuario blanco.

La cuestión es…, entender este fenómeno. Está manifestación cultural y ahora manifestación artística que de acuerdo con la época y el contexto genera sus lecturas. De esta manera, lo que se lleva al aula como danza folklórica debe tener una plataforma teórico-metodológica articulada. Aquella que haya sido estudiada, construida e incorporada por el profesor atendiendo a su lugar de enunciación como pedagogo de la danza.

Ampliando el horizonte de sentido…

Varios de los docentes centran sus clases de danza folklórica en las formas sistemáticas, las estructuras estáticas y los estereotipos rigurosos, que varios documentos movilizan como contenidos de danza folklórica.  Esto sucede, porque existe un temor fundado en el acatamiento de las “verdades” instaladas. Certezas consolidadas por referentes como: maestros, manuales, compendios y cartillas que estructuran, construyen y marcan maneras de hacer y enseñar la danza.

Es importante decir; que la danza folklórica como proceso de enseñanza aprendizaje no puede movilizarse por esas prácticas conceptuales y metodológicas inamovibles, establecidas en los imaginarios de los docentes para mantener una “tradición”. Esas prácticas pedagógicas que involucran no solo una enseñanza sistémica conductista para explicar un paso básico, sino que evocan construcciones danzarias desarrolladas a partir de discursos delimitados, referencias sesgadas y conceptos herméticos. Danzas folklóricas, que muchas veces el docente trata de ubicar en el cuerpo del estudiante de manera forastera desde la forma. Sin concepto, contexto, fondo, o reflexión. Todo en aras de mantener la usanza.

Lo anterior, antagónico a la educación artística misma.

Antendiendo a esto, muchas veces se fijan pautas que se consagran en la pedagogía de la danza que tránsita el profesor por los escenarios educativos. La didáctica se estanca. Esto hace que la clase de danza pierda su caracter dinámico y accesible a la experiencia corporal vital del estudiante y del profesor. La clase de danza foklórica entonces, puede llegar a ser concebida como una situación repetitiva. Disposición que le da una condición repelente, en donde el escolar solo repite y cumple con los requerimientos. Todo esto fractura a su vez, estructuras de innovación emergentes promovidas por los educandos desde necesidades creativas. Aquellas que pretenden reacondicionar esta reiteración en clase, desde la articulación con otras vivencias.

El bambuco como danza para tomar un ejemplo, debe entonces analizarse en el aula en una triangulación experiencial: Concepto, Cuerpo, Contexto. Atendiendo a esto, es fundamental comprender también, que los profesores de danza folklórica deben ampliar los horizontes de la asignatura más allá de un documento, un video de You Tube, o una referencia personal. El compromiso como formadores, es que los procesos de enseñanza-aprendizaje desde la educación artística den cuenta de una vivencia danzaría holística donde la incorporación del saber sea el horizonte de sentido.

Las cartillas y los libros de folklore, deben ser  referentes que detonen búsquedas teóricas y prácticas más profundas. La didáctica de la danza folklórica debe ampliar su espectro metodológico, dialogar con otros géneros danzarios y músicales en aras de establecer anclajes con los estudiantes.

Hablemos entonces, de una asignatura con progresiones didácticas situadas, críticas, y constructivas. Marcos teóricos edificados por docentes desde diferentes reflexiones, los cuales atienden a las realidades conceptuales y contextuales de los estudiantes.  Pensemos en clases nutridas con elementos de otras disciplinas artísticas y otros géneros danzarios. Tomemos la danza folklórica entonces como práctica pedagógica/artística. Como acción performativa misma, planteándola como evento en donde se re-crea, se re-construye, se re- experimenta, se re-vive y se re-formula.

Hablemos de una experiencia corporal fundamental, que motive reflexiones actuales entorno al cuerpo, el movimiento, la creación, la cultura, la identidad y por su puesto el folklore y sus contextos.  ¡PENSEMOS EN UNA DANZA FOLKLÓRICA VIVA!

“De esta manera empiezan a convivir lo prosaico con lo poético, brindando una perspectiva de convivencia  entre la teoría, la sensación y la práctica. Cuando se INCORPORA, se entra en un estado de ser en estéreo (Minimizando al Monofónico ausente). Las experiencias vuelven la construcción de conocimiento, en una práctica vital; fomentando en el ser una re significación de estados, la cual remite a una capacidad transformadora y reflexiva de su entorno.

El paso básico, el vestuario y la música, fomentados desde una búsqueda bidireccional (docente-estudiante) articuladas a una vivencia contextual y a una reflexión personal; hacen de la danza folklórica una experiencia dinámica.  Así, los procesos de interacción en la danza se fomentan, motivando en nosotros construcciones comunicativas más amplias y porque no decirlo, de un goce estético privilegiado.  …el estudiante que era distante del folklore en su entorno; estrecha relaciones. No camina desapercibido y desarrolla competencias de apreciación, percepción, interpretación, socialización y creación con la danza folklórica”.

Andrea Karina García[1]

[1] Licenciada en Educación Artística de UNIMINUTO. Magíster en Estudios Teóricos de la Danza del Instituto Superior de las Artes –ISA–, La Habana, Cuba. Magíster en Estudios Artísticos de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Docente de la Licenciatura en Artes Escénicas de la Universidad Pedagógica Nacional. karinayladanza@hotmail.com

Referencias:

Barrios Alday, Patricio (1993). Folclor y escenario. Chile: Agencia de Publicidad Vía Magín.

Bovio, Arturo Rico (1998). Las fronteras del cuerpo. Crítica de la corporeidad. Quito: Editorial

Cortázar, Abadía, Aretz, Guevara, et al. (1975). Teorías del folclor en América Latina. Caracas: Instituto Interamericano de Etnomu- sicología y Folclor del CONAC, Biblioteca INIDEF 1.

Garcia, Andrea Karina. (2014). Pensar con la danza. La danza folclórica entre lo performático y lo sistemático.  Pág. 305. Bogotá: Ministerio de Cultura. https://issuu.com/plandanza/docs/pensar_con_la_danza

Garcia, Andrea Karina. (2015). Creación, arte y paradoja. A propósito de la danza folklórica. Revista Calle 14. Volumen 10, Numero 16. Mayo – Agosto.  Bogotá: Universidad Francisco José de Caldas

Garcia, Andrea Karina (2017). La Danza folklórica una reflexión metodológica. Recuperado de: https://nodoartes.wordpress.com/2017/11/09/la-danza-folklorica-una-reflexion-metodologica/

Martín, Alicia (2005). Folclore en las grandes ciudades. Argentina: Libros del Zorzal.

Viana, Luis Díaz G. (2003). El regreso de los lobos. La respuesta de las culturas populares a la era de la globalización. Madrid: CSIC.

Este artículo se publica gracias a la alianza de contenidos de Blog libreta de bocetos y Editorial Magisterio

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