Cartografías Arte + Educación

Supone un compendio de treinta arteducadores procedentes de diversas disciplinas (artes visuales, danza, performance, arte sonoro…) que muestra sus prácticas en la intersección del arte + educación así como su metodología de trabajo con el fin de que docentes puedan implementar procesos análogos en sus aulas. La plataforma consta de entrevistas grabadas a los arteducadores en las que hablan sobre su práctica, mapas conceptuales en los que se describe su metodología de trabajo y una publicación que recoge la investigación que este proyecto lleva aparejada sobre la figura de las arteducadoras y su profesionalización.

¿De qué viven los jóvenes artistas en España?

La apatía aparece cuando dejamos de preguntarnos sobre las cosas; cuando las damos por sentadas, por evidentes y por legítimas; cuando aceptamos como válidas cuestiones que antes nos parecían inaceptables, desproporcionadas y urgentes.

Una de las preguntas que resulta importante que nos hagamos es quiénes financian las creaciones artísticas en las sociedades capitalistas. La respuesta es que, en dicho contexto, solo ciertas instituciones privadas como los bancos, instituciones públicas como museos o ministerios a través de becas y concursos− o personas con un poder adquisitivo muy alto −a través de la compra de obras de arte son capaces de financiar la creación contemporánea.

La Fundación Daniel y Nina Carasso (FDNC) es una entidad privada a la que le gusta hacerse estas preguntas y financiar proyectos que proponen vías alternativas como respuestas. Por ejemplo, su programa «Nuevos comanditarios» organiza un ecosistema que hace posible que personas preocupadas, comprometidas o ilusionadas con un proyecto le puedan hacer un encargo a un artista contemporáneo, y acompañarlo durante todo el proceso. Permite que los ciudadanos puedan contar con los artistas contemporáneos para que estos los ayuden a resolver problemas sociales o de desarrollo local mediante un encargo artístico.

Otra de las preguntas interesantes que se ha hecho en los últimos años la FDNC es cómo sobreviven profesionalmente los jóvenes artistas en Francia y en España. Se trata de una pregunta muy pertinente en los tiempos que corren, cuando ya no existen mecenas y la precariedad, que en muchos casos conduce al abandono, se instala en la cotidianidad de quienes intentan ser artistas profesionales, un matiz importante, ya que no es lo mismo producir arte que intentar pagar las facturas a partir de él.

Desgraciadamente, la respuesta a esta pregunta es que los artistas jóvenes en España viven en un entorno de gran precariedad y vulnerabilidad. Tal y como nos demuestran los resultados del Estudio sobre las condiciones de empleabilidad de los artistas jóvenes en los ámbitos del arte y la educación en España, realizado entre 2015 y 2017 por Daniel Gracia en el marco del proyecto «Transforma» del Departamento de Educación del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS) y que contó con el apoyo de la FDNC, «[…] en 2006 la ocupación del artista se lleva a cabo en unas circunstancias bastante más precarias que en otras ocupaciones profesionales» (Gracia, 2017: 9), una frase que resume la situación del tema que nos ocupa en cuanto al contexto europeo.

En España, sobre todo después de la crisis del 2008, Gracia habla de «una situación crónica» de precariedad (2017: 10) creada por la confluencia de la poca importancia del sector de la cultura en nuestro país (que recae en las comunidades autónomas y en los ayuntamientos, instituciones castigadas por unos recortes presupuestarios que, en ocasiones, han llegado al 50%; recordemos el antes y el después de instituciones como el MUSAC, la LABoral, Artium o el Centro Huarte, espacios hiperdotados de infraestructuras y financiación durante los años de vacas gordas, y que en la actualidad se encuentran en una situación de altísima precariedad cercana a la desaparición); la Ley del IVA (que sitúa a España como el país que más grava la cultura de toda la Unión Europea, un 21%) y una muy débil ley de mecenazgo.

De la misma manera, en el apartado «La situación profesional de los artistas visuales en España» de este estudio, solamente se localizan dos informes sobre las condiciones laborales de los artistas, uno en la Comunidad de Madrid y otro en Cataluña; y, aunque datan del 2007 y 2002, respectivamente, Gracia (2017: 16) señala que «[…] las conclusiones que exponen relativas a la precariedad de los artistas difícilmente habrán mejorado». Por lo tanto, a tenor de la investigación de Gracia y de nuestra propia experiencia formando a jóvenes artistas durante veinticuatro años, para responder a la pregunta que nos formulamos en este apartado («¿De qué viven los jóvenes artistas en España?») podríamos decir que «[…] apenas el 55% de los egresados de Bellas Artes se encuentra trabajando a los cinco años de haberse titulado […] Se ha puesto de manifiesto que los artistas y educadores tienen muchas dificultades para encontrar un trabajo y que, si lo encuentran, estos se caracterizan por bajos salarios, alta temporalidad y, en ocasiones, ilegalidad» (Gracia, 2017: 57).

Dentro de este panorama, se concluye que la enorme precariedad de los artistas jóvenes en España los obliga a compaginar su actividad artística con otras actividades complementarias. Así, en la Comunidad de Madrid, «[…] la mayor parte de quienes compaginan su actividad artística con otra actividad profesional lo hacen en el campo de la enseñanza, aunque no ofrecen cifras» (Gracia, 2017: 15) y, en Cataluña, un poco más del 50% de los encuestados necesita compaginar su actividad artística con otra complementaria, siendo la educación la actividad elegida en el 25% de los casos.

De esta información, podemos deducir que, tras la realización del grado en Bellas Artes o Historia del Arte (preferentemente) y, quizás, tras algunos años en los que intentan vivir únicamente de su creación, estos jóvenes artistas contemplan la posibilidad de dedicarse a la educación. Ya sea a través de un puesto de profesor de Educación Plástica y Visual en la franja educativa de la ESO (educación reglada), a través de clases extraescolares (en contextos formales pero sin certificación) o en algún centro cultural, institución o museo (educación no reglada), son muchos los jóvenes artistas que abordan lo educativo como un salvavidas al que poder recurrir para pagar sus facturas.

Para mayor información visita redplanea.org

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